Lunes 22 de noviembre de 2117 ≈21:20:00 UTC
Choroní · Tokio · Margarita · Shanghái ·Paraguaná · mar Caribe
A segundos de pedírselos, Mikiko y Taffi comienzan a transmitir sus senstreams a casa de Augusta; Utsu hace lo propio y suma al suyo los que recibe de sus compañeros del Jafé-gumi, además, Andrés integra lo que encuentra en ECIPA, y finalmente Augusta procesa y conjuga todo eso para presentarnos un clarísimo panorama visual y auditivo de lo que sucede en Tokio.
Luego de abandonar la parada del tranvía donde permanecieron por un rato, Kako y Jinmu caminan un par de cuadras más y se detienen en las afueras de un café, el Fuglen Antique Coffee Shop. La pareja toma asiento hombro a hombro en una de las minimesas exteriores del lugar y ahí recuperan su inmovilidad. Pocos minutos después uno de los compañeros de Utsu ya está enviando su senstream desde la azotea del edificio de cuatro pisos diagonal al Fuglen, mientras que los otros dos se mantienen a nivel de calle como a una cuadra de distancia. Utsu, Mikiko y Taffi se acercan un poco más y toman asiento como a cincuenta metros, en uno de los bancos de la calzada peatonal que pasa frente al café.
···Espero que todos comprendan lo irregular que es la actitud de este par —comenta Mikiko. ···Sin duda, a mí me parece que le están montando una trampa a alguien, seguramente a nosotros. —Responde Yrene. ···Así es, tengan cuidado —enfatiza el Pelúo. ···Esto se va a ir a la mierda en cualquier momento, estoy seguro —pronostica Jonathan. ···Yo estoy casi seguro de que no nos han visto —dice Utsu—, pero sí, es muy obvio que andan en algo raro. ···¿Y nos vamos a limitar a contemplarlos? —Inquiere Taffi. ···Si nos acercamos solo lograremos espantar al aposesor que los conduce —acota Utsu. ···Yo no sé si lo mejor sea limitarnos a observar —antagoniza Mikiko. ···¿Y qué sugieres? —Pregunta Utsu.
Esta interrogante se queda en el aire, pues Taffi se pone de pie y con calmada firmeza se dirige directamente hacia la pareja. Se arma todo un alboroto en casa de Augusta por tan impulsiva acción, pero nos quedamos en silencio cuando la muchacha llega a ellos, se reclina un poco para apoyar sus palmas en la mesita y suelta una gringada:
‐··Fuck you both, bitches, ustedes y whoever que se esconda detrás ustedes. ‐··Taffilynn Brewer —responde Jinmu en forma educada, sonriente, mirándola a los ojos y en decente castellano—, recibe nuestras condolencias por lo sucedido a tu padre y a tus compañeros.
Mikiko, Utsu y su gente mantuvieron sus posiciones cuando Taffi se dirigió hacia la pareja real, pero luego de escuchar la respuesta de Jinmu, el alarmado Utsu se pone en pie con la intención de unirse a Taffi; Mikiko lo toma por el brazo, lo detiene en seco y en la lengua nativa de ambos le dice que deje a la muchacha actuar. Utsu no responde pero se vuelve a sentar.
‐··Sabes que no tuvimos nada que ver con ese vil asesinato, ¿verdad? —Continúa Jinmu. ‐··Si tan solo sospechara de lo contrario, tu cabeza ya estuviera aquí como decoración —responde Taffi, mientras señala el punto central de la pequeña mesa. ‐··Me encanta esa habilidad de ustedes para utilizar en el hablar cotidiano las líneas de diálogo de los antiguos westerns. Qué talento. —Dice el exrealeza, sin dejar de sonar cordial, pero con evidente sarcasmo. ‐··Toma asiento, por favor —invita Kako a Taffi—, porque, lo digas como lo digas, nos tranquiliza saber que no nos acusas de eso. ‐··Supongo que cuando dices nosotros no solo te refieres a ustedes dos —indica esta última, al tiempo que se arrastra una banqueta desde la mesa de al lado y toma asiento frente a la pareja. ‐··No creo que necesites que respondamos a eso —aclara Jinmu. ‐··Está bien —continúa Taffi—, vayamos al grano; vine a negociar con ustedes el retorno de Isina, sana y salva. ‐··Temo que eso escapa a nuestro alcance, hija —dice Kako—, ni Jinmu ni yo sabemos quién es Isina. ‐··Te creo —continúa Taffi—. Ya vimos que cuando se entregan a su aposesor lo hacen inconscientes. ‐··Exacto —confirma Kako—, nos puedes torturar si quieres, pero si acaso tuvimos algo que ver con la persona que mencionas, no lo sabemos.
Sospecho que el silencio en casa de Augusta mientras escuchamos esta conversación tiene mucho que ver con lo sorprendidos que estamos por la capacidad de Taffi para actuar velozmente, sobre la base de las deducciones obvias que algunos ni siquiera habíamos realizado: Jinmu y Kako son aposesos de manera voluntaria y totalmente consciente.
‐··¿Y quién les aposee está recibiendo sus senstream en este momento? —Indaga la miliciana. ‐··Sí, claro, lo mismo que tú debes estar transmitiendo el tuyo a tus amigos —contesta Jinmu. ‐··Siendo así, entonces, no es con ustedes con quien quiero negociar, sino con él, o ella, o ellos —aclara Taffi—, y si me aceptan un consejo, dejen que sea él, ella o ellos los que hablen a través de ustedes, porque si dicen algo indebido los van a matar aquí mismo, ya lo he visto. ‐··No te preocupes, eso no va a pasar con nosotros —dice Kako, también sonriente, también amable. ‐··Me contenta, no quisiera embarrarme de sangre —continúa Taffi. ‐··A riesgo de mermar tu alegría, te comunico que por acá nadie cree que tengas algo con lo cual negociar —comenta Jinmu. ‐··Ciertamente —admite Taffi—, al proponer eso solo hacía conversación y confirmaba que ustedes son un par de marionetas voluntarias; patético, ¿no? ‐··¡Ja, ja, ja! —Ríe Kako—, tienes razón, pero no creas que nos quita el sueño que te enteres de lo obvio. Ahora, dime: ¿hay algo más que podamos hacer por ti, jovencita? ‐··Hum… No, más bien quería ofrecerles mis servicios de mensajería. ¿Hay algo que le quieran hacer saber a Maya? Es obvio que secuestraron a su cónyuge por alguna razón, y yo bien puedo darle cualquier recado que deseen hacerle llegar. ‐··Gracias por tu interés en colaborar con nosotros —dice Jinmu—, pero ya conversaremos con ella, lo haremos cuando sea necesario. ‐··Presumo que no es un vulgar pago de rescate a lo que aspiran —recalca Taffi. ‐··Seguramente no —responde Kako—, o quizá sí, quién sabe. ‐··Bien. Una última cosa —dice Taffi inclinándose como si se asomara en los ojos de Jinmu, significando que no se dirige a él sino al aposesor adentro—, te informo que estos dos estarán bajo vigilancia permanente, así que no te serán de mucha utilidad en operaciones futuras. ‐··Gracias, Taffilynn, tendremos en consideración tu advertencia, pero eso tampoco es algo que no tuviéramos previsto —responde Kako mientras Jinmu ríe y abre sus ojos al máximo para facilitarle a Taffi el fingido asome. ‐··See ya, morons.
Después de despedirse, Taffi se pone de pie y se encamina de vuelta a la banqueta en la que están Utsu y Mikiko. Mientras se aleja de la pareja, de reojo mira hacia atrás y el sonriente par agita sus manos en gesto de despedida, de cordial despedida. Ya junto a los tokiotas amigos, rompe su silencio en casa de Augusta y nos dice:
···A este par hay que vigilarlos solo para fastidiar a Griffin. ···Es así —concuerda la Coneja Yrene—, solo para eso, porque no vamos a obtener más nada de ellos. ···Maya y yo vamos a ausentarnos unos minutos, ya volvemos. —Informo.
Digo lo anterior presumiendo que los más perspicaces intuirán lo que sucede: Maya se quebró cuando Taffi puso en evidencia que de la pareja real no obtendremos nada sobre el paradero de Isina. Haciendo gala de mi deficiente dominio de la lengua inglesa, invito a la sollozante Maya a conversar verbalmente fuera de la casa de Augusta. La traducción al castellano de este diálogo es la que sigue:
—¿Qué me vas a decir, Juan? No me digas que todo va a estar bien, porque esto pinta muy mal. —Aún tenemos la data que nos envió la gente de Kamagasaki; nos descuidamos y no revisamos eso porque estábamos convencidos de que la parejita era la mejor pista. Ahora tenemos que retomar eso. —Yo estuve ojeando esa data, Juancho; no creo que haya nada relevante ahí. —Eso no se puede revisar así, es demasiado; vamos a dárselo a las SCApps para que analicen bien todo. —Bueno, sí, es cierto… Disculpa mi falta de discernimiento, yo… —Tranquila, mujer —la interrumpo—, no te pongas a explicar lo obvio. Vamos a revisar bien esto, y vamos a estar pendientes de lo que suceda en isla Cuba; quizá por allá tengamos mejores resultados. —Una cosa, Juan… ¿Qué pasó hoy? Jinmu y Kako salieron de su apartamento, permanecieron un rato en la estación de tranvías y luego fueron a sentarse en el café ese, que ni siquiera ha abierto al público. —Es como dijo Mikiko hace rato, una conducta muy irregular… Coño… —Se me prende el bombillo—, creo que es evidente lo que estaban haciendo… —Distrayéndonos —complementa la profe. —Claro, seguramente ese par salió a exhibirse porque algo más estaba sucediendo en alguna otra parte. —Entonces, sabían que los estábamos vigilando. —No necesariamente; como ya estos dos se habían expuesto en la terminal, quizá fue que Griffin no quiso correr riesgos y los usó como distracción en caso de que los estuvieran siguiendo. —Y acertó, caímos redonditos. —Cierto, pero ahora sabemos que algo sucedió en alguna parte a esta hora, algo que Griffin no quería que viéramos. —Entonces, nos toca revisar… ¿El ECIPA de toda la isla? Fuerte… —Sí, voy a acudir también a la gente de Kamagasaki para que nos den lo que tengan colectado de estas últimas horas. —Yo voy a pedirle a Resu que nos ayude a procesar esa data, ella tiene buen software también. —Listo; si quieres yo propongo todo esto en casa de Augusta. Tómate un rato para calmarte, anda. —Está bien, Juan, me voy a dar un duchazo para despejarme, en un rato vuelvo a la apoconferencia con ustedes. —Hecho.
Cuando regreso a casa de Augusta planteando eso que recién dedujimos Maya y yo, me encuentro con que ya el grupete alcanzó similares conclusiones.
···Bueno, Juan, entonces pásanos lo que obtengas de los amigos estos de Kamagasaki. —Solicita Rubén mientras Pirulo, uno de sus siete schnauzer miniatura, escapa de sus manos para evadir el baño quincenal. ···Ya voy a hablar para agilizar eso —dice Dumas. ···Pero yo no sé qué esperan sacar ustedes de ahí —objeta Andrés—; son millones de horas de grabación por toda la isla, y no sabemos qué buscamos, ni a quiénes buscamos, ni siquiera sabemos qué puede haber sucedido. ···La verdad es que yo tampoco le encuentro mucho sentido a este plan —añade Made. ···Pero algo hay que hacer —apunta Yuca desde el Carcará. ···No tiene sentido hacer por hacer —replica Harold—, eso es pérdida de tiempo. ···Yo puedo ayudarlos —interviene Ciriaco—, si me lo permiten, claro está… ¡Ah! y, por favor, Donnie, aún no me has dado tu path vernáculo para hacerte mi administrador. ···Podemos operar en conjunto a ver qué se logra, mi estimado homólogo —dice Augusta—, pero dada la magnitud de la data a procesar, cualquier hallazgo será sin duda un golpe de suerte. ···Eres mujer de poca fe —acota él—, debes ser más positiva. ···No sabía que un autómata podía ser religioso —reflexiona Donnie—, pero, bueno… Ya te envié mi path. ···Recibido, ya estoy a tu merced —apunta el autómata. ···Para lo que eso me sirve… —concluye el joven miliciano.