Domingo 14 de noviembre de 2117 ≈09:00:00 UTC
Paraguaná · Shanghái
Me despierto cerca de las cinco de la mañana. La verdad, no recuerdo cuando pasé del sofá a la habitación. Aurelia duerme a mi lado. Siendo que ya es el final de la tarde en Shanghái, me parece buen momento para llamar a Dumas.
···Epa, gordito —tiqueo. ···¡Tanto tiempo, Juan! —Responde mi buen amigo. ···¿Cómo estás tú? y ¿Marianella? ¿Todos bien? ···Todo y todos de maravilla por aquí. ¿Y Aurelia? ···Aquí a mi lado, durmiendo; está muy bien, también. ···¡Coño!…, hazme un favor, Juan, que esa voz sintética que tienes es espantosa, usa el micrófono del TDk ese. ···Espérate ahí.
Me levanto de la cama con cuidado para no despertar a mi consorte, salgo de la casa, camino hasta el inmenso cují que Pedro ha estado moldeando durante años y me siento en una de las sillas de cabilla y mimbre puestas a su sombra.
···¿Así, sí? ···Por supuesto, mucho mejor. Yo a ti no te entiendo; tú que eres el más geek entre nosotros no te has ocupado de configurar bien esa voz sintética, o mejor, de ponerte un espinal y ya. ···Es que nunca uso esa voz; generalmente, hablo, lo que pasa es que no quería despertar a Aurelia.
···Bueno, dichoso tú que duermes en una cama. ···No hables bobadas, a ti te encanta tu geltub. ···Je, je, je… Admito que tiene sus ventajas… ···¿Cada cuánto te sacan de ahí? ···Bueno, depende…
A partir de este instante la conversación se extiende por más de hora y media: asuntos triviales, asuntos no tan triviales, chistes, geopolítica, anécdotas, esoterismo, ciencia, cuentos familiares, filosofía…
‐··Buen día, amor —saluda Aurelia al acercarse a la sombra del cují donde me escucha conversar—. ¿A qué hora te levantaste? ‐··¡Hola!, creo que estoy aquí desde las cinco. ¿No, Dumas? ‐··¡Ay, salúdame al gordito! ···Dile que le mando un beso —me encomienda Dumas. ‐··¿Y qué te dijo sobre el visado para Conus? —Inquiere Aurelia. ‐··¡Coño! —riposto—. Se me había olvidado, ya le pregunto. ‐··¡Ay!, bueno, sigan ahí. Voy con Yrene a la playa a buscar pescado, pero no te olvides de pedirle esa información al gordis. —Dice mientras camina de vuelta a la casa. ‐··Tranquila. ···¿Visado para Conus, Juan? —Interroga Dumas— ¿Tú vas para allá? ···Sí. Es que ese es el cuento más reciente que no te he echado, fíjate…
Para ponerlo en contexto y explicarle a qué viene la necesidad de viajar a Conus, le cuento todo lo sucedido desde la fiesta de René en Borgoña, hasta la junta de la noche anterior.
···Coño, Juan, pero el visado no es una opción, entonces. —Dice Dumas, luego de escuchar toda mi perorata. ···¿Por qué? ···Primero, porque es verdad que el trámite puede tardar tres o cuatro meses, y aunque yo tengo un contacto que me lo podría agilizar un poco, igual no te sirve, porque al entrar allá te van a poner chaperones y te van a hacer seguimiento a donde vayas, y ni de vaina vas a poder evadir esa vigilancia para entrevistarte con los milicianos. ···Qué vaina… ¿Y se te ocurre alguna otra opción? ···Como dice la canción: clandestino, ilegal1. ···¿Tú dices? ···Bueno, tiene sus riesgos, pero sí, la dichosa vigilancia fronteriza de esa gente no es muy buena, y tú vas a los territorios fantasma, para allá es más fácil meterse sin que se den cuenta. ···Pero hay que conocer la ruta de entrada… ···Claro, claro; dame un chance para conseguirte a alguien que te lleve; la mejor opción es por mar a través del golfo de México, el amigo de un amigo me habló de unos contrabandistas que operan ahí. Yo te cuadro eso. ···Esto es lo bueno de tener amigos mafiosos, je, je, je. ···Quisiera yo, Juan, quisiera yo… ···¿Qué pasó con el tipo aquel que estafa a coleccionistas de antigüedades vendiéndoles rublos falsos en paraeconomía2? ···Ay, hermanito, si te cuento…
Una vez más la conversación se hace cotilleo y permanece así hasta que Aurelia regresa. Es entonces cuando me despido del gordito, pero antes de cortar le pido un path virgen para decirle a Augusta que lo invite a su casa.
Poco antes de mediodía Aurelia y yo nos despedimos de Yrene, y tomamos el tranvía hasta nuestra casa en Adícora.