Primera conflagración discreta

Domingo 21 de noviembre de 2117 ≈06:00:00 UTC

Paraguaná

Desde que están con nosotros en la casa de Adícora, los jóvenes milicianos no solo han estado haciendo patrullaje rutinario por el perímetro, sino que también se han turnado para montar guardias y hacer vigilancia durante las noches.

Aproximadamente a las dos de la mañana, Donnie se percata de la presencia de una persona cerca del portón de acceso de vehículos a la casa, que está a unos cincuenta metros de la ventana que en ese instante es su puesto de vigilancia. La lluvia, la poca luz que aporta la luna menguante, la distancia y el impermeable con gorro que convierte en silueta a su portador no permiten distinguir quién puede ser. Pero cuando el miliciano ve que el intruso intenta abrir el portón, sale disparado a la habitación de Aurelia para alertarla.

—Hay alguien intentando violentar el perímetro, mi señora —dice el joven, al tiempo que la sacude para despertarla.

El susto de mi compañera solo se extiende por milésimas de segundo; de inmediato, estira el brazo hasta alcanzar su flexatana en la mesita de noche. Donnie va a la habitación del fondo donde duerme James, lo alerta y juntos salen por la puerta trasera, rodean la casa y alcanzan al recién llegado justo cuando posa su pie en el porche; Donnie se le acerca apuntándole a la cabeza con lo que Aurelia inmediatamente identifica como la pistola usada para ultimar al policía en Conus. Lentamente, el intruso levanta las manos, se retira el gorro y deja ver su rostro, es Lapo.

—Debo reconocer que no me di cuenta de que te habías quedado con esa pistola —espeta la empapada mujer. —¡Lapo! —Exclama Donnie al tiempo que aparta la pistola del rostro de la inesperada visita. —Imprudente —dice Lapo dirigiéndose al joven con tono maternal—, no sé si lo pensaste, pero en tu país se condena a muerte a quien no sea policía y toque eso que tienes en la mano1; segundo, esta pieza en particular se utilizó para ultimar a un oficial de policía, lo que te suma otra condena a muerte; tercero, utilizaste mi nave para contrabandear un arma fuera del país, y yo tengo por norma no hacer eso; cuarto y último, luces sumamente ridículo parado detrás de esa pistola tan grande.

Con su acostumbrada actitud militar el muchacho voltea el arma, la toma por el cañón y se la entrega a Lapo; la mujer la recibe sin vacilar y se la acomoda en la cintura.

—Yo creo que me alegra verte —le dice Aurelia—, pero no estoy muy segura. Pasa para que te seques.

Café es todo lo que pide la visitante. Una vez sentados todos en la mesa del comedor, mi compañera da inicio a la necesaria inquisición.

—No querías saber nada más de nosotros y aquí estás; nada bueno debe haber pasado. —¿Dónde está Taffi? —Inquiere la recén llegada. —Se fue con Juan a Sinkiang —responde James. —Hum… Aunque lo correcto es que escuche lo que voy a decirles, me alivia un poco que no esté presente. —¡Me asustas! —Exclama Aurelia. —Voy al grano, pues —prosigue con determinación—. La máxima autoridad del grupo palinarquista que había estado dotando de armamento a TAIK-Militia para la reconstrucción del Estado paraguayo era mi tatarabuelo, Santie Mendoza. Ni Brewer ni ningún otro miliciano supo jamás de ese nexo. —Lapo, ¿tú eres de la familia Mendoza, aquella de Venezuela? —Pregunta la Petisa algo sorprendida. —Sí. Y mira, si bien a mí siempre me pareció absurda esa aspiración nostálgica entre mis parientes de ver al mundo otra vez dividido en naciones que les permitieran sus actividades de hominería y todo eso, nunca me molestó en lo absoluto ayudar a mi Tata en sus cosas. Además, me beneficié bastante, paraeconómicamente hablando. —Lapo Mendoza…, quién lo hubiera pensado… —comenta Aurelia, al tiempo que los dos jóvenes permanecen inmóviles y en silencio, como intuyendo lo que viene. —Esa es mi familia, sí —continúa la aludida—, quizá por esa razón me indignó mucho saber que Brewer no tenía intenciones de cumplir con su parte del convenio y en medio de mi rabia llamé al Tata apenas salimos de Idabel para contarle que lo estaban estafando. —Entonces, no miente el gobierno de Kushner-Gates cuando afirma que no ordenó ese ataque con drones —deduce Donnie poniéndose de pie. —No, hijo —confirma Lapo—, mi Tata fue quien mató a todos.

Sin pronunciar palabra, James también se pone de pie y, señalando a Lapo con su índice, sentencia:

—Taffi no te va a perdonar esto. —Lo sé. Yo misma no me lo perdono, Otis era mi hombre y…

Aurelia posa su mano en el hombro de la atormentada mujer. Lejos de confortarla, el gesto de mi compañera la incomoda, cosa que la obliga a recomponerse y proseguir.

—Bueno, la cosa no llega hasta ahí. Pero siéntense, por favor, ya tendrán tiempo de asesinarme, pero escuchen el resto.

Los consternados jóvenes toman asiento y escuchan a Lapo, ya sin ser capaces de mirarla al rostro.

—Esta mañana la familia me avisó que el Tata se suicidó en la habitación de un hotel en Santa Cruz de la Sierra. —Continúa Lapo. —¡Ay!, amiga, lo siento mucho —lamenta Aurelia. —El problema es que a mí no me convence la tesis del suicidio. —¿Y tú crees que fue nuestra gente? —Inquiere Donnie en forma altisonante. —Estoy segura de que no fue tu gente. —¿Sospechas de alguien? —Sondea Aurelia. —No estoy segura. Mi Tata estaba con seis PES2, tres con él en la habitación y tres en el apoespacio. Hizo una pausa en la faena sexual porque iba al baño, una de las muchachas fue a buscarlo porque le pareció que estaba tardando mucho, como no abría la puerta ni contestaba, pidieron ayuda a la gente del hotel; al abrir lo encontraron desangrado, usó no sé qué cosa para perforarse la femoral. —¿Y sospechas de las PES? —Continúa indagando mi compañera. —En lo absoluto. Primero, varias de ellas se han relacionado con el Tata y con la familia por décadas, incluso son buenas amigas, dos de ellas son torbíes, por cierto. Segundo, ellas siempre hacen registro detallado de toda su actividad, esos datos se cotejaron con lo que registra el hotel y con lo que se pudo sacar de ECIPA, la versión de los hechos que cuentan está más que confirmada. —Entonces, no entiendo. —Coño, catira —dice Lapo al tiempo que se reclina en su silla—, yo sé que puede sonar loco, pero creo que al Tata me lo mató un aposesor. —Pues eso es más probable de lo que crees —comenta James. —¿Por qué? —Pregunta la contrabandista. —En casa de Augusta estamos manejando la posibilidad de que Rufas murió a manos de un aposesor —explica Aurelia—, y a unos amigos en Goa les pasó algo en lo que parece que hubo aposesión también, pero, ojo, no sabemos nada en concreto, es solo una posibilidad que estamos manejando. —Interesante… —concluye Lapo sobándose la barbilla— Fíjate que me parecía muy loco que fuese eso; tenía entendido que con los espinales modernos ya no se puede hacer aposesión, pero si hay casos verificados… —No sabemos aún, no te precipites —advierte Aurelia—, pero sí, es una posibilidad. Voy a comentarle tu caso a los demás, quizá podamos ayudarnos mutuamente. —¿Será que quien mató a Rufas y a la gente esa de Goa también mató a Mendoza? —Pregunta Donnie. —No lo sé —responde la Petisa—, pero me inclino a pensar que no sean casos aislados. —Hay algo más que quisiera pedirles —añade Lapo—, yo ando un poco paranoica; temo que quien mató al Tata pueda venir por mí. ¿Me permites quedarme aquí con ustedes hasta que se aclaren las cosas? —Por supuesto, mujer —expresa la Petisa en modo tajante—, más ahora cuando están aquí Donnie y James ayudándonos. —Me vas a disculpar, Aurelia —dice James—, pero hasta que no hablemos con Taffi no podemos garantizar que podamos quedarnos aquí con Lapo. —Comprensible, yo mejor los dejo para que traten ese asunto entre ustedes; voy a seguir durmiendo.

Cuando Aurelia se va a su habitación, el debate se extiende y se pone tenso. Los muchachos recriminan duramente a Lapo; no obstante, al final parecen comprender bastante bien que la intención de la mujer nunca fue la de causar el tremendo daño que ocasionó.

Notas
  1. La pistola silenciosa Socimi PS-16mm es un arma que solo pueden portar los oficiales de policía en Conus.↩︎

  2. Productor de Experiencias Sexuales, denominación utilizada en el mundo yɛlɛma para describir a quienes prestan cualquier tipo de servicio sexual.↩︎

Añadir una anotación al texto seleccionado
Ver código QR del hiperenlace al texto seleccionado
• Mover el señalador hasta el bloque de la selección
• Copiar el texto seleccionado al portapapeles
• Copiar hiperenlace a la selección en el portapapeles

: