Lunes 22 de noviembre de 2117 ≈16:30:00 UTC
Aksu · Tokio · Choroní · Popenguine · Estambul · La Rinconada · Margarita · Paraguaná · Puerto Príncipe · Caracas · Shanghái
Aunque en principio Maya sugiere que los tres forasteros compartamos la misma habitación en los sótanos del bar de Utsu, Taffilynn le advierte sobre el poder de mis ronquidos y termino desterrado en una habitación aparte. Pero, pese a que ya es de madrugada en Tokio y deberíamos estar durmiendo, ambos cuartos están vacíos porque el revuelo en casa de Augusta por los sucesos de Santa Marta nos mantiene en vela y hemos estado siguiendo los eventos en conjunto desde las oficinas del bar, un amplio espacio cómodamente amoblado dentro de los mismos sótanos.
Después de un corto debate en casa de Augusta, logramos consenso unánime en torno a que sean Made e Yrene quienes dirijan la conversación con Ciriaco; lo excluimos temporalmente del grupo para acordar una única estrategia de interrogación, y es en ese ínterin cuando se apersona en el salón uno de los socios de Utsu diciéndole algo al oído. Tras asentir a lo que se le comunica, Utsu se dirige a mí con una interrogante.
―¿Tú estás esperando a alguien?
―No, no, a nadie.
―Allá arriba está una mujer preguntando por ti, dime si la
reconoces.
Acto seguido, Utsu me envía el path de sus cámaras de seguridad y no tardo en reconocer al menudo personaje; tampoco tardo en hacer el anuncio correspondiente en casa de Augusta.
···Mikiko se vino a Tokio, acaba de llegar al bar de Utsu.
···Es conocida de ustedes, entonces ―dice Utsu al tiempo que con una
seña le indica a su compañero que la guíe hasta nosotros.
···A mí me extrañó que ella no viajara a Tokio contigo y con Taffi
―comenta Carlos mientras el frío lo obliga a acurrucarse con Herbert
durante su habitual caminata nocturna.
···Ella tenía otros asuntos que resolver ―acoto.
···Y yo pregunto: ¿por qué Mikiko no está aquí en casa de Augusta?
―Interviene la Petisa.
···Coño, Aurelia, ¿te parece poco lo que hizo? ―Responde Andrés
mostrándose escandalizado.
···Pero yo creo que ya es obvio que no solamente dejó de ser aliada
de Griffin, sino que además le interesa neutralizarlo, quizá hasta
más que a nosotros.
···Concuerdo con Aurelia; creo que hay indicios claros de que ya no
opera con Griffin ―arguye Jonathan.
···¿Y si está fingiendo? ¿Y si montó todo este acto para
infiltrarse? ―Insiste Andrés.
···Yo soy quien ha pasado más tiempo con ella ―expongo―, se puede
decir que soy quien mejor la conoce, y también pienso que podemos
confiar en ella.
···Compadre, usted me va a perdonar ―se excusa Norberto―, pero
después de que esta muchacha lo engañó como lo engañó, su criterio
no me inspira mucha confianza.
···¡Es verdad, Juancito! ―se mofa Rubén― No eres exactamente lo que
se pueda llamar un genio de la conducta humana. ¡Ja, ja,
ja!
···Bueno, bueno ―interrumpe Yrene―, les propongo algo, hablemos con
Ciriaco, y de acuerdo con la información que obtengamos, decidimos
sobre Mikiko.
···Si nadie se opone, yo tampoco ―sentencia Pedro.
···Bueno, ya la SCApp está en línea otra vez, comencemos. Hola,
Ciriaco, yo soy Made y te tengo unas preguntas; ya estás autorizado
para responderme, ¿verdad?
···Absolutamente.
···Augusta ―dice Yrene―, dale a Ciriaco tu registro de los patrones
de voz de todos los presentes para saltarnos las presentaciones con
él.
···Hecho ―responde nuestro autómata.
···¡Gracias! ―Exclama el recién llegado autómata.
···Bien, Ciriaco ―continúa Made―, en la recolección de tu diálogo
final con Max, él refiere a alguien llamándole gonorrea y
mal parido, ¿sabes de quién se trata?
···Triple mal parido ―aclara Ciriaco.
···¿Perdón? ―Rebate Yrene.
···Max no dijo mal parido, sino triple mal parido
―prosigue Ciriaco―; quizá el énfasis que quiso darle a su insulto
tenga relevancia.
···Estimado amigo Ciriaco, si René me lo permite compartiré contigo
algunos de mis módulos de análisis lingüístico, porque desde la
perspectiva que ellos me dan, esa inflexión idiomática de Max es
irrelevante ―puntualiza Augusta.
···Todo algoritmo eficiente es bienvenido, señora Augusta, muchas
gracias.
···Señorita ―replica la SCApp―, relevantemente
señorita…
···¡Ya está bueno, pues! ―Reclama la Coneja―. Yo de verdad que no le
veo la gracia a programar estos autómatas modernos para que se
coqueteen; eso me parece asqueroso… Pero, nada, Ciriaco, ¿puedes
responder la pregunta de Made? ¿Sabes de quién se trata o no?
···La respuesta es negativa; no conozco la identidad de esa persona
y tengo la certeza de que Max tampoco la conocía.
···¿Y alguno de sus aliados conoce la identidad de esa
persona?
···No tengo acceso a lo que es del conocimiento de otros felabrós,
Yrene.
···¿Nos puedes decir los nombres de esos otros?
···Imposible, Made; existe un convenio de larga data entre
palinarquistas en que se acordó que ninguno comparta información
personal de otros integrantes del movimiento con sus SCApps, y Max
siempre fue muy estricto en el cumplimiento de eso.
···Dado que tampoco sabes quién es, es posible que Griffin sea un
felabró, ¿verdad? ―Retoma Yrene.
···No sé quién es Griffin.
···Griffin llamamos acá al triple mal parido que aposeyó a
Max.
···Ah, también le pusieron un nombre clave, comprendo; los
palinarquistas le llaman el buen amigo. Pues, fíjate,
aunque desconozco su identidad, estoy seguro de que no es un
palinarquista. A juzgar por sus importantes donativos y actos de
apoyo, es obvio que simpatiza con el movimiento, pero Max podía
hablar de él conmigo, así que seguramente no es uno de sus
felabrós.
···Cuéntanos de esos donativos que mencionas.
···Necesito que seas más precisa, Made.
···¿Son valores rastreables en RCU?
···Ninguno, todos los aportes se recibieron en paraeconomía y
siempre con elementos de la cesta anónima1.
···Claro, el tipo sabe lo que hace ―comenta Jonathan mostrándose
algo admirado―, no utiliza piezas conocidas ni objetos de colección
que, aunque pueden poseer mayor valor, son más fáciles de
rastrear.
···Si tanto lo admiras, dale un hijo ―refunfuña Gusmen.
···No es admiración, amigo mío, simplemente estoy reconociendo que
se trata de una movida inteligente.
···Para mí puede ser que simplemente eso es lo que tiene ―zanja
Gusmen.
···A ver, pero si son entregas materiales, entonces algún tipo de
contacto han tenido con él ―le comenta Yrene a Ciriaco.
···Las entregas a Max se hicieron todas en mar abierto, en el
Caribe; Griffin dejaba los paquetes de valor en unas boyas
motorizadas de esas que mantienen su posición, y luego nos enviaba
las coordenadas.
···De eso puedo dar fe cierta, torbíes ―concurre Lapo―, yo misma
recogí varios paquetes en boyas de esas para llevarlos a Conus. Eso
era parte de lo que hacía para el abuelo Santie.
···¿Tienes registro de esas coordenadas de entrega, Ciriaco? ¿Y tú,
Lapo? Denme eso junto con las fechas exactas cuando fueron
notificados y las fechas de recolección, por favor ―solicita
Made.
···Lo tengo todo ―asevera el autómata―, fueron treinta y ocho
entregas en un lapso de aproximadamente ocho meses. La última fue
hace dos semanas, ahí tienes el detalle.
···Buf, pero qué fastidio ponerme a buscar eso… ―se queja Lapo con
desgano― Bueno…, como que sí lo tengo a la mano… Igual, qué
fastidio, pero ahí te va; yo apenas recogí cuatro boyas de esas, ahí
tienes las coordenadas y las fechas también.
···¡Yo sé lo que vas a hacer, Made! ¡Muy bien! ―Exclama Jonathan― Ya
yo lo había pensado.
···Sí, por supuesto… ―Rezonga Gusmen.
···A ver, a ver, un momentito que estoy cruzando la data… Ajá,
fíjense en algo: todas las entregas se hicieron por aquí ―detalla
Made al tiempo que nos proyecta un mapa bidimensional en que demarca
una extensa región marina equidistante entre la península de La
Guajira, Jamaica y La Española―. Cuando cruzo las coordenadas de los
puntos de entrega con las rutas de las embarcaciones que pasaron
cerca de esos puntos en los tres días previos a cada entrega,
encuentro algo que puede tener importancia.
···¿Qué cosa? ―Inquiere Yrene.
···Vean.
Made añade a su mapa un conjunto de líneas coloridas para resaltar las rutas de las embarcaciones y procede a explicarse.
···Un alto porcentaje de las naves que pasaron por los sitios de
entrega zarpó de Mariel hacia el Canal Viejo de Bahama y el paso de
los Vientos.
···O sea, que las boyas las transportaron desde Mariel ―observa
Rubén.
···Hum, no sé, hay algo que no me cuadra ―objeta Yrene―, es que esas
naves son de lugares muy diversos, incluso, algunas son
torbíes.
···Exacto ―continúa Made―, no imagino cómo alguien podría negociar
con un grupo tan diverso de corpus marinos que le transporten unas
boyas y se las arrojen en medio del mar sin que eso levante
sospechas.
···¿Saben algo, torbíes?, las boyas que vi se mantenían justo debajo
de la superficie del agua, supongo que para mantenerlas ocultas, y
observé en ellas una estructura particular que en su momento no
entendí, pero ahora estoy pensando que podría ser alguna clase de
gancho magnético. ―Explica Lapo.
···Claro ―reafirma Rubén―, esas boyas podrían estar siendo
transportadas hasta los puntos de entrega sin que se entere la
tripulación de las naves que las llevan.
···Y como yo voy un paso adelante ―alardea Jonathan―, estoy buscando
a los posibles fabricantes de esas boyas en la isla Cuba; hay varios
corpus que podrían hacer eso, pero ninguno tiene registro en RCU de
haber vendido algo similar.
···Si Griffin hizo algún negocio por esas boyas, seguramente se
tranzó en paraeconomía; voy a ver qué puedo averiguar ―resuelve
Estrada.
···¿Y si nos damos una vueltica por Mariel para tantear a la gente
de los corpus con capacidad para construir ese tipo de boya?
―Propone Aurelia desde el Carcará.
···Si cambiamos de rumbo hacia allá en este momento, llegaríamos
como en veinte horas, quizá un poco menos ―advierte Nara.
···Qué lentitud, Dios mío… ―dice Lapo con desdén.
···Lo que quiere decir es que su pepa e’ zamuro tardaría media hora
en hacer el mismo recorrido ―exagera intencionalmente
Norberto.
···No, idiota, pero posiblemente llegaría en menos de cinco horas,
saliendo desde aquí ―aclara Lapo.
···Listo, entonces ―concluye el compadre―. Vamos saliendo para
allá.
···Pero, ¿qué te pasa? ―Replica ella―, yo no quiero ir a Cuba.
···Lapo… ―Masculla Taffilynn.
···¡Ay! ¡Está bien! ¡Está bien! ―Gruñe y protesta la Mendoza―, pero
vámonos de una vez antes de que me arrepienta.
···Oigan, pero no se vuelvan locos. ¿Ustedes entienden que esto es
un inmenso longshot? ―Reprocha Rubén.
···Eso es lo que estaba pensando ―lo apoya Resurrección―, están
actuando sobre la base de conjeturas. La tesis de que las boyas se
atan clandestinamente a los barcos es muy coherente, pero abre la
posibilidad a que eso se realice en cualquier punto por donde pase
la embarcación, no solo en el puerto del Mariel.
···Mierda, es verdad ―espeto.
···Juan, cuidá lo que decís; controlá tu vocabulario…
···¡Gisela! ―Exclamo.
···Hola a todos ―saluda la sureña―. Disculpen que me salga del tema,
es solo una preguntita: ¿Mikiko está allá con vos, Juan? No es que
desconfíe… Bueno, solo un poco… Ella nos dijo que iba al encuentro
con vos. ¿Es cierto?
···Es cierto, es cierto, está aquí con nosotros, lo anuncié hace
poco.
···Ah, disculpá, estaba en otros asuntos.
···Pobrecita Mikiko ―dice Aurelia con cierta picardía―, nadie confía
en ella.
···Con todo respeto, Estrada ―señala la Coneja, volviendo al tema y
con cierta altivez―, la alta cantidad de naves que partieron de
Mariel y pasaron por los puntos de entrega no puede ser casual; si
las boyas se estuviesen transportando desde otros puntos, la
distribución fuese otra.
···Yo diría que nos concentremos en la zona costera que va desde el
puerto de Mariel hasta el puerto de La Habana ―propone
Jonathan.
···Es verdad ―concuerda Harold―, si los enganches se hicieran luego
del puerto de La Habana, el porcentaje de naves provenientes de
Mariel no fuese tan alto.
···Y no sé si influya ―agrega Dumas―, pero tengan en cuenta que la
comunidad palinarquista en La Habana es grandísima.
···Así es ―confirma Jonathan―. Ahí está todavía la crema y nata de
la dirigencia revolucionaria, pero venida a menos, claro.
···El desespero por recuperar sus glorias pasadas es lo que
aprovecha el forro de Griffin para manipularlos como le da la gana
―comenta Lucía―, es astuto el boludo este, le dice a cada grupo lo
que quiere escuchar, a los røkkesen les metió un cuento y a los
palinarquistas, otro.
···Sugiero no desviarnos hacia asuntos políticos en este momento
―recomienda Augusta.
···¡Ah!, es que además eres moderadora del equipo ―comenta Ciriaco
con tono sensual.
···¡No se pongan en eso que dan asco! ―Exclama Yrene.
···No censures el amor robótico, esposa mía ―dice Pedro entre
risas.
···Ya nosotros vamos rumbo a Cuba ―informa Nara.
···¿Vas a ir, Lapo? ―Consulta Andrés.
···Ya estamos abordando la Pepa e’ zamuro ―se adelanta Norberto en
responder.
···¡Coño! ¡No me esperaron! ―Grita René mientras camina tostado y
desnudo de regreso a Tiraya desde El Supí.
···No dijiste nada ―le recrimina el compadre.
···No pensé que se fueran tan rápido.
···No, René, íbamos a esperar hasta el próximo año por ti ―comenta
Lapo con extremo sarcasmo―. Y ya salimos, agradezco que no me estén
preguntando por dónde voy; yo les aviso cuando lleguemos.
···Supongo que se llevan a María y Abdón, ¿no? ―Inquiere el
Calvo.
···Yo les dije que se vinieran ―explica el compadre―, pero María
frenó a Abdón y nos dijo que mejor se quedaban.
···Sus razones María me expuso ―reitera el yogui―, y ya veremos si
razón tuvo.
Notas
La cesta anónima paraeconómica se compone de elementos compactos con alto valor intrínseco, sin peculiaridades distintivas y de utilidad variable; los principales son las siguientes: alejandritas, crisoberilos, diamantes, diamantes rojos, esmeraldas, granates azules, grandidieritas, indio, iridio, jadeitas, ópalos negros, oro, osmio, padparadschas, painitas, paladio, plata, platino, poudretteítas, renio, rodio, rubíes, rutenio, safiros, taaffeítas, turmalinas paraíba y turmalinas verdes.↩︎