Lunes 22 de noviembre de 2117 ≈08:30:00 UTC
Tokio · La Rinconada
El viaje de vuelta a Tokio se me hace corto; es la primera vez que converso tan animadamente con Taffi, no solo hablamos de aposesores y aposesos, del peculiar miedo de Mikiko y de lo que podría suceder con Max; también conversamos sobre asuntos familiares y hasta hablamos de su padre. Quedo con la sensación de que ya comienza a superar el trágico deceso y, lo más importante, sin rencores aparentes.
Cuando desembarcamos en la terminal catavial de Shinjuku, ya Maya nos está esperando en el andén. Al acercarnos a ella, nos muestra con discreción un bokode con su path, lo escaneamos y hacemos conferencia solo los tres.
···Hola, Maya, ella es Taffi y yo soy Juan.
···Mucho gusto ―responde Maya con su agradable voz sintetizada―, y
disculpen que no les converse en directo; mi castellano no es tan
bueno como el de Isina.
···No te preocupes; dadas las circunstancias, este extra de
discreción no nos hace mal ―acoto.
···Yo aún no me acostumbro a estas conversaciones presenciales, pero
no verbales ―comenta Taffi―, me parecen muy locas estas escenas tan
cotidianas acá, en las que grupos de personas se miran, sonríen y
gesticulan mientras la plática va por dentro.
···¿Acá? Eres conusiense, ¿verdad? ―Inquiere Maya.
···Sí, mi señora…, Maya, quise decir.
···Yo viví por un corto período allá cuando era the USA;
hice actividades de investigación en Charlottesville con un
excelente equipo de la también extinta UVA1, supongo que mucho antes de que
nacieras.
···Yo soy de Oklahoma y casi nunca me moví lejos de casa, pero ahora
con Juan ya le di media vuelta al mundo.
···Espero tengamos tiempo para que me cuentes tus impresiones del
mundo yɛlɛma.
···Será un placer.
···Bueno ―intervengo―, estoy en conversaciones con alguien de
Kamagasaki; es una persona de un grupo que ya nos ayudó, un contacto
de mi amigo Dumas, quien por cierto es tu fervoroso admirador.
···¡Ay!, ¿no me digas que es de la Igrunid2?, mira que ya esa gente está
empezando a asustarme.
···¡Ja, ja, ja! No, no, él no anda en eso; es un admirador
regular.
···Bien, mientras hablas con ellos podemos ir al encuentro de una de
las personas a quien Resu pidió ayuda.
···¿Encuentro personal? ―Inquiere Taffi―. Eso me hace desconfiar,
como aquí todo se hace en apoespacio…
···Es que luego de saber de los casos de aposesión, Resu le pidió
apersonarse y apoyarnos presencialmente ―explica Maya.
···Buena esa ―respondo con cierto alivio.
···Sí, sin duda es mejor si somos más ―dice Taffi―, y aunque eso
mejora nuestra situación, de todas maneras quiero proponerles que
asumamos algunas directrices mientras estemos por acá. Son
estrategias que se nos enseñan en la TAIK, específicamente en los
entrenamientos de guerrilla urbana.
···Yo no tengo problema ―acepta Maya.
···Y yo, menos.
Taffi invierte algunos minutos en explicarnos cómo debemos movernos por la ciudad, lo que debemos evitar, las técnicas a aplicar para cuidarnos las espaldas entre nosotros, lo que debemos hacer en caso de ser agredidos, lo que debemos hacer en caso de que nos separemos y algunas cosas más que jamás hubiesen pasado por mi cabeza, pero que seguramente nos podrían ser de muchísima utilidad.
···Amiga, estoy comenzando a sentirme muy resguardada contigo
―afirma Maya dirigiéndose a Taffi luego de la resumida
lección.
···Ahora entiendes por qué le pedí que se viniera conmigo.
···Bien, ya el amigo está en el lugar de encuentro ―confirma Maya―.
Es acá cerca, a unos cien metros de la salida sur; es un bar
pequeñito y sin nombre junto a la entrada de otro llamado Inoki
Saka. Les paso la data para que lo vean también.
···Pues, vamos ―contestamos Taffi y yo, casi al unísono.
No es nada difícil llegar al lugar. Apenas entramos, observo el vetusto mobiliario y encuentro indicios de que estamos en lo que montones de décadas atrás fue una tienda Mc Donald’s, cosa que me siento tentado a comentar, pero que de inmediato entiendo es irrelevante. Tampoco se complica el identificar a quién nos espera: hay un solo cliente en el bar. Al vernos entrar, el individuo de inocultables rasgos euronipones se pone de pie y estrecha nuestras manos.
―I’m Utsu, mi nombre es Utsu ―se presenta.
Los tatuajes de tinta que superan el cuello de su camisa dejan claras sus filiaciones con lo que queda del yakuza, y su actitud cordial contradice mi expectativa de que debería ser un tipo frío y mal encarado, obvio prejuicio hollywoodense que me queda por algún rincón mental, es que en los tiempos de masificación del SAISVI3 pocos se escapaban, y yo no fui uno de ellos.
Enlazo a casa de Augusta y, sin anuncio ni comentarios, inicio la transmisión de mi senstream hacia allá; Taffi me mira de reojo y de inmediato veo que emula mi acción. Luego de un breve intercambio en inglés, Maya recibe el path de Utsu y lo integra al pequeño grupo de chat en que solo estamos los presentes.
···Iré al grano ―comienza Utsu en perfecto y no sintetizado
castellano―. Sabemos poco de lo que pasó con Isina, pero tenemos
algunos indicios importantes.
···Antes de continuar, dame un instante para incluir a Resu en esta
conferencia; me dijo que quería estar ―propone Maya.
···No hay problema ―dice Utsu.
Instantes después, Estrada está con nosotros.
···Hola, Utsu, siglos sin saber de ti.
···¡Ja, ja! Solo un par de años, Resu, no exageres.
···A ver, tío, ¿y es que ya Chloé parió?
···Aún no, pero está a punto ¡y está insoportable!
···Para poneros en contexto ―informa Estrada―, Utsu es uno de los
choznos de Chloé.
Definitivamente, el tiempo todo lo sana. De ser esclava sexual infantil en uno de sus antros, Estrada terminó siendo amiga cercana de Chloé Jafé, la jefa de todos los jefes en el Jafé-gumi desde el año 2030.
···A ver, cuéntanos, ¿qué nos tienes? ―Continúa Estrada.
···Bien, como ya saben, dentro de la terminal está controlado el
ECIPA; por ahí no vamos a encontrar nada, pero yo mismo estuve
investigando y un par de personas a las que interrogamos afirma
haber visto a una pareja discutiendo acaloradamente con alguien que
se ajusta a la descripción de Isina.
···¿Se sabe quiénes eran? ―Pregunta Maya.
···Sí, los tenemos precisados; tres cuartos de hora después de que
Isina desapareció, los capturamos en ECIPA al salir de la
terminal.
···¿Y cómo los identificaron? ―Inquiero.
···Acá les pongo la grabación que obtuvimos; fíjense en su
caminar.
···¡Coño!, sí, se nota que son aposesos ―acoto.
···Exacto, si ven el resto de la grabación notarán que luego de
deambular un rato como zombis, terminaron acostándose en un
callejón; ahí se durmieron y por su reacción al despertar es obvio
que no saben lo que sucedió.
···Pero…, tengo entendido que es muy difícil aposeer a alguien
inconsciente, ¿no? ―Aclara Taffi.
···Exacto ―confirma Utsu―, quien quiera que sea el aposesor de esos
dos es un experto.
···Si no los has confrontado, yo quiero estar presente cuando lo
hagas, Utsu ―demanda Maya.
···No podemos hacer eso; primero, ellos no saben lo que hicieron, y
segundo, si nos ven, también nos estará viendo su aposesor. No
ganamos nada con acercarnos a ellos.
···¿Y entonces, tío? ―Reclama Estrada.
···Los tengo bajo vigilancia permanente; si los utilizan para
cualquier otro asunto nos vamos a enterar, pero de momento
constituyen una parejita feliz que hace vida regular acá en Shibuya.
Tienen su apartamento no muy lejos de aquí.
···¿Y qué hacemos entre tanto? ¿Nos quedamos aquí sentados a
esperar? ―Cuestiona Maya.
···Venga, tía ―lanza Estrada―, que tú en particular no puedes ir
pavoneándote por Tokio.
···¿Qué dices? ―Replica Maya.
···Joder ―responde la iberoandina―, que ya eres reconocible por ser
una figura pública, pero en Tokio también vas a llamar la atención
de quienes no sepan quién eres, porque más allá de nipones y
euronipones, son pocos los habitantes de otras etnias en esa ciudad.
Tú no vas a pasar inadvertida, mulata, venga, que con esa estatura,
esos dreadlocks y la vestimenta xhosa no lo harás.
···Por eso les tengo preparadas unas habitaciones ―explica Utsu―;
aquí mismo tenemos tres niveles de sótanos bajo el bar y el único
acceso está permanentemente vigilado. No creo que puedan estar más
seguros en ninguna otra parte.
···La verdad es un poco frustrante el panorama ―alega Maya―, supongo
que me había hecho la idea de que iba a participar de manera más
activa en la búsqueda, pero, bueno, las cosas son como son.
···Ten en cuenta algo, Maya ―intervengo―, esto no detiene nuestras
indagaciones apoespaciales; tampoco es que vamos a estar ociosos si
nos quedamos aquí abajo.
···¿Quieres decir que tienes algo de la gente que mencionaste?
···Exactamente.
···¿Y yo puedo saber quiénes? ―Consulta Utsu.
···Es una gente de Kamagasaki que tiene un botswarm privado y, al
parecer, bastante efectivo.
···Je, je… Yo sé quiénes son ―dice Utsu―, y en verdad tienen una red
muy buena; solo procura no mencionar que estás conmigo…
···Ni te pregunto de qué familia son, majo ―apunta Estrada.
···No, no, son independientes, pero no les gusta operar con nosotros
―aclara Utsu.
···En fin ―interrumpo precipitadamente para no enterarme de más
asuntos yakuza―, acabo de recibir toda la data cruda que tus
amigos de Kamagasaki capturaron durante las últimas
veinticuatro horas en los sectores aledaños a la terminal; tenemos
bastante material para entretenernos, lo estoy compartiendo con
nuestra gente para que nos ayuden en el análisis, y con ustedes, por
supuesto, en caso de que quieran meter el ojo también.
···Qué bueno, Juan, muchas gracias ―contesta Maya.
···Una cosa más ―procedo a proponer― ¿Les parece si unimos este
grupo con el que ya tenemos para tratar todo este asunto?
···Hum… No sé… ―replica Estrada, algo dudosa.
···Yo no tengo problema ―previene Maya.
···¿Y quiénes están ahí? ―Duda Utsu.
Paso los siguientes minutos describiendo, sin mayor detalle, quiénes son Yuca, Michelle, Aurelia, Pedro, Yrene, Norberto, Andrés, Carlos, René, Dumas, Torkins, Harold, Jonathan, Gusmen, Rubén, Made, James, Donnie, Lucía, Gisela, Yu, Crombie y, por supuesto, Augusta.
···Además de Taffi y yo, ese es el quórum en casa de Augusta
―concluyo.
···Ya te lo he dicho, Utsu ―interviene Estrada―, entre esta gente no
se cuenta ninguno de tus rivales.
···No es eso, Resu ―replica―, simplemente me gusta saber con quién
me involucro.
···¡Ay, ya! ―Exclama Maya―, haz el merge, Juan.
···Un segundo…, listo, ya estamos todos juntos; bienvenidos a casa
de Augusta, los presento…