Primera conflagración discreta

Domingo 21 de noviembre de 2117 ≈23:00:00 UTC

San Antonio de los Altos · Aksu · Shanghái · Margarita · Choroní · Paraguaná · Caracas · Popenguine · Estambul · Puerto Príncipe

Lo primero que veo al despertar es a Momo; me asusta de nuevo, pese a que permanece inmóvil ahí en su silla. Superada la sorpresa, me percato de que la luz del día ya se cuela por la única ventana de la habitación y en ese preciso instante Mikiko sale de su minúsculo cuarto de baño.

···¿Ya estás lista para salir? ···Sí. ···¿Aceptas irte a una torbia? ···Sí, en principio, sí. ···Déjame ver qué opciones cercanas tenemos.

Sin dilación, me levanto para también asearme e ingreso a casa de Augusta para consultar que opciones podemos ofrecerle a Mikiko y para ponerme al día con los últimos acontecimientos. Durante mi veloz duchazo me cuentan del incidente en Aksu y se me ocurre que quizá las sureñas nos puedan ayudar otra vez.

···Taffi, ¿tú sigues con Lucía y Gisela? ···Sí, ya estamos en la torbia nómada con Crombie y su gente, ¿les pido que se conecten? ···Sí, por favor, y gracias por todo. ···Tranquilo, Juan, ya las pongo.

Menos de un minuto después, Gisela y Lucía están en línea.

···¡Juancho!, animada la noche para nosotras todo gracias a vos —dice Gisela. ···Ya me contaron lo sucedido —comento—; de verdad, disculpen, no creí que se fuese a complicar tanto el asunto. ···No hagas caso —añade Lucía—, fue hasta un poco divertida la movida. ···Qué bueno, porque les tengo más diversión… ···No te pases, Juan, no te pases… —Advierte Gisela. ···Es que acá conmigo está alguien en situación similar a la de Crombie, y me parece buena idea que se refugie con ustedes allá mientras resolvemos. ···No te diré que nos encanta darle asilo a tus amiguitos marcatenientes, Juan —señala Lucía. ···No, no —aclaro—, Mikiko es todo lo contrario, creo que hasta podrían congeniar, les cuento…

Mientras me seco, me visto y salgo del baño, resumo para Gisela y Lucía la historia conocida de Mikiko, y es que si bien sé de antemano que no se negarán a recibirla, quiero que tengan claro quién es el personaje.

···Qué buena te la hizo —comenta Gisela—. No sé cómo no te diste cuenta de que te plantó la escucha, boludo, pero está bien, traela. ···Ja, ja, ja —ríe Lucía— solo a ti te pasa algo así, Juan, pero nada, hasta parece alguien que puede aportar, no como los tres inútiles estos que recién trajimos. ···No se diga más —respondo—, vamos saliendo para allá; apenas tenga la hora de llegada, les aviso. ···Bueno, bueno, nos hablamos, che.

Cuando se lo propongo, a Mikiko no parece desagradarle la idea de unirse a la torbia nómada; rezonga un poco aduciendo que no es la opción geográficamente cercana que hubiese preferido, pero dadas las circunstancias, le sienta bien. Apenas salimos del apartamento, la nipona se transforma en la mujer más veloz de las islas japonesas, tanto, que un par de cuadras después la tomo del brazo y la detengo.

—Ya deja de correr; entiendo tus razones, pero también es importante que pasemos inadvertidos. Cálmate un poco.

Su primera reacción es la de zafarse de mí, pero una vez que se sacude mi mano toma una profunda bocanada de aire y, sin decir nada, comienza a caminar otra vez, pero ya de manera más pausada.

—Solo te pido que estés atento, no solo mientras caminamos hacia la estación, también cuando estemos allá y luego cuando subamos al pentatrén. —Me dice levemente calmada. —Entendido. —No te fíes de nadie; aléjate particularmente de cualquier niño que se te acerque; ellos son blanco fácil de los aposesores. —¿Niños, Mikiko? —Sí. —Exageras. —¿Crees que esa gente tiene alguna clase de límite? —¿Y tú has visto niños aposesos por ellos? —Aún no, pero… —Lo dicho —interrumpo—, deja de exagerar y cálmate.

Pese a mis desestimaciones, sé que ya no habrá un solo niño que no me ponga los pelos de punta durante un buen tiempo.

Finalmente, abordamos el pentatrén hacia Aksu; Mikiko considera con desproporcionada minuciosidad los pros y los contras de cada uno de los asientos: que si no podemos dar la espalda a la entrada, que aquí o allá puede haber más o menos ECIPA, que aquí o allá hay más o menos gente, que si las salidas de emergencia… Me resulta obvio que la racionalidad de la nipona se está diluyendo en su miedo.

—En serio, creo que ya es un buen momento para que te calmes, Mikiko. —Tú no sabes de lo que es capaz esta gente. —No dudo de su peligrosidad, pero si entras en pánico se te nubla el entendimiento, y en este momento lo que más necesitamos es a Mikiko la astuta y audaz, no a la loca paranoica que me acompaña. —Tú no sabes… —Okey, okey —interrumpo, otra vez—, no parece que nos podamos entender ahora mismo; yo voy a casa de Augusta un rato, que ahí tenemos bastante para discutir y aclarar.

Y no es mentira. Ante los hallazgos de Yrene y Made, las revelaciones de Crombie y las de Mikiko se hace necesaria una revisión completa de la situación para comprender dónde estamos parados y cuáles deben ser nuestras próximas acciones.

···Hola a todos. —Saludo una vez que estoy en casa de Augusta. ···¿Dónde estás tú? —Indaga Yuca. ···Recién abordé el pentatrén hacia Aksu. Voy con Mikiko. ···Ahora son amiguitos, je, je, je… —dice Carlos con tono jocoso. ···Si sigues con la burlita, Augusta te va a regañar —advierto—. Fíjense, quiero proponerles que hagamos una revisión completa de los últimos sucesos, para saber qué es lo que tenemos y lo que vamos a hacer. ···Una cosa, Juan, ¿tú crees que el mundo se detiene mientras tú duermes? —El tono sarcástico de Gusmen me hace intuir lo que viene. ···Sí, sí —añade Jonathan—. Cuando tú te acostaste nosotros nos quedamos mudos esperando a que vinieras proponiendo lo obvio. ···Está bien, pues, disculpen, no quise ofender… ···Ay, Juancho, no le hagas caso a estos hombres, pero sí, ya hemos estado revisando la situación a la luz de los últimos acontecimientos y realizaciones. —Comenta Made con intención conciliadora. ···Y como yo soy una persona generosa, seré quien te haga el resumen de lo que tenemos. —Agrega Yrene. ···No te dejes engañar, Juan —aclara Aurelia—, justamente a eso íbamos; hemos estado debatiendo desde hace rato y llegaste justo cuando la Coneja iba a resumir lo que sabemos de hecho para pasar a definir acciones. ···Cómo te cuidan, Juan —comenta Dumas—, cómo te cuidan… ···Bueno, bueno, en lugar de ponerme a leer todo esto, les envío el documento de texto en el que he estado anotando todo; lo leen y discutimos los puntos que quieran. —Propone Yrene.

Lo que sigue es la transcripción literal del texto con las notas de Yrene:

No tenemos dudas de lo siguiente:

Y presumimos lo siguiente:

El primero en reaccionar luego de la lectura es Harold.

···Todo apunta a que nos estamos enfrentando con un aposesor, uno bien maldito. ···No joda, estamos tratando con una versión mejorada del doctor Griffin. —Replica Jonathan. ···I beg your pardon? —Interviene Donnie mostrando confusión. ···No hagas caso, amiguito —le exhorta Gusmen—. Es solamente el individuo este tratando de hacerse el sabiondo. ···No, Donnie, te explico —farfulla Jonathan—. Griffin es el hombre invisible en la novela El hombre invisible1, de H. G. Wells, y dije que quien nos está jodiendo es una versión mejorada porque el Griffin ficticio falló buscando aliados; en cambio, este gran carajo que enfrentamos es también invisible, en sentido figurado por supuesto, pero además ha sabido hacerse de unos cuantos colaboradores. ···Y parece que de varias maneras —acota Michelle—, a los røkkesen los engatuzó, a Mikiko le pagó… ···¡Es que es un maestro de la manipulación! ¡Esto se jodió! —Machaca Jonathan. ···Pero ni siquiera sabemos si es una persona o si son mil —advierte Donnie. ···Yo creo que podría ser un solo tipo con unas buenas SCApp —propone Andrés. ···Es mejor acogernos a los hechos y no especular —sugiere Augusta. ···Este doctor Griffin es de cuidado —asevera Pedro—, no solo ha asesinado a gente del Sistema Torbí para lograr lo que sea que tiene planificado; al parecer, también se carga a sus propios aliados cuando le fallan. ···Piensa exactamente como el Griffin de la novela —insiste Jonathan— ¡Es él! ···Al menos con el asesinato de Mendoza hizo justicia —matiza Taffilynn, ocasionando un instante de incómodo silencio. ···Quizá —responde Rubén—, pero dudo de que su intención fuese la de impartir justicia; lo mató para acallarlo por desobedecerlo y poner en evidencia sus planes. ···Es verdad —resuelve James. ···Bueno, muchachos, la prioridad prioritaria [sic] es identificarlo. —Subraya Carlos, creo que intentando alejarnos del delicado asunto de Brewer. ···Y figurarnos cuál es realmente su objetivo —complementa mi compañera. ···Hasta que no sepamos quién es o quiénes son, nos van a seguir metiendo el dedo en el culo —asegura Yuca.

Sin dejar de prestar atención al debate, se me ocurre que compartir algo de esta información con Mikiko puede ser de utilidad, razón por la cual me volteo hacia ella y le digo:

···Ahí te estoy enviando el resumen escrito de lo que han arrojado nuestras investigaciones. ···Y ¿qué voy a hacer yo con eso…? —Masculla la nipona mediante su voz sintética. ···Bueno, pensé que podría interesarte, ya que te estás uniendo a la causa torbí… ···Primero muerta. ···¿Muerta? El doctor Griffin te puede ayudar con eso —replico. ···¿Quién?

Luego de explicarle por qué Jonathan apodó doctor Griffin a su némesis, Mikiko comenta el texto de Yrene mientras lo lee.

···¡Ja! A este Peter Crombie también le planté escuchas en su momento, a él y a un grupito de sus compañeros cortesía del doctor Griffin. ···¿En serio, mujer? ···Si lo estoy diciendo es porque así es, Juan. ···¡Coneja! —Exclamo de caras a casa de Augusta y dirigiéndome a Yrene por su apodo— ¡Añade a la lista que Mikiko le plantó escuchas a los røkkesen! ···A revisarlos de una vez —propone Harold—. Lucía, Gisela, ¿ustedes tienen equipo para eso allá? ···Eso está cubierto, pibe —precisa Lucía—. Nadie entra a la caravana sin pasar por un bug scan completo. ···Y los tres soretes estaban limpios —puntualiza Gisela. ···Ajá… Eh… —Masculla Lucía dubitativamente por sostener dos conversaciones en simultáneo—. Acá Crombie dice que ya se habían escaneado días atrás y que él mismo tenía un micrófono plantado, así que es cierto lo que dice Mikiko.

Por un instante pienso en proponer que Mikiko entre a casa de Augusta, pero como aún tengo mis dudas, me limito a retomar el hilo de conversación con ella y contarle.

···Crombie y dos røkkesen más también se están refugiando en la torbia nómada en la que te vas a refugiar tú. ¿Será eso un problema? ···No, ¿por qué? ···Porque les plantaste escuchas, también. ···¡Ah!, no, no, con ellos resolví sin que jamás me vieran; la estrategia de niña tonta solo la usé contigo. ···Supongo que fue porque yo representaba un objetivo más complejo···Ja, ja, ja… No, realmente… Era entretenerme ahí contigo un rato, o invertir dos segundos en sembrarte el micrófono y pasar el resto del viaje sin hacer nada.

Notas
  1. Wells, H. G., The Invisible Man (1897) Reino Unido: C. Arthur Pearson.↩︎

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