Sábado 13 de noviembre de 2117 ≈00:30:00 UTC
Borgoña
―¿Y tu compañera? ―Pregunta Pedro a nuestro anfitrión, mientras
bajamos hacia la puerta de su hogar borgoñés.
―Oye, ya debe estar por llegar de Caracas; dame un segundo y te doy
detalles.
···Augusta, háblame de Leinny.
···Su pentatrén acaba de llegar; si no hace ninguna parada, debe
estar acá en media hora.
―Según la SCApp, está por llegar ―dice René dirigiéndose a
Pedro.
―¿Y eso que no estuvo en tu agasajo? ―Consulto con curiosidad.
―Claro ―contesta René con tono reflexivo―, ahora entiendo por qué
estaba tan molesta cuando supo que tenía una última asamblea esta
mañana; seguro que eso le impidió llegar a tiempo.
―Se perdió el espectáculo de adulación a su compañero
―comento.
―Esta gente a veces se pasa de melosa… ―Acota René― En fin, la
toilette me llama, compañeros. Miren en el corredor que ahí
hay varias hamacas, tomen lo que necesiten y acomódense donde
quieran, allá los alcanzo; les paso el path de Augusta para que le
consulten cualquier cosa que necesiten.
Mientras hurgo en el estante de las hamacas le cuento a Pedro mi irrealizado intento de sacarle información a la oseta; como respuesta, simplemente se encoge de hombros.
―¿Y qué crees tú que esté sucediendo? ―Lo interrogo directamente, pues ya quiero abrir la discusión.
Pedro termina de beber agua del tinajero de la compañera de René, y me dice:
―Es un hecho, Kamprad tiene un problema con nosotros.
―Supongo que ese nosotros no se refiere a ti y a mí.
―Exacto, yo creo que su problema es con el Sistema Torbí.
―Pero…, puede ser solo un descontento con torbia Paraguaná;
¿recuerdas lo que nos comentaba Yrene en estos días sobre la gente
de Helsinki?
―Sí, las comunidades aquellas que justamente Kamprad puso en
contacto con nosotros.
―Esos mismos; ella estaba extrañada porque tenían meses sin
encargarnos fruta, ¿podrá eso estar relacionado?
―No creo, las pocas disputas surgidas después de intercambios con
ellos siempre se han tratado sin tapujo ni misterio, y se han
resuelto con rapidez; estoy casi seguro de que esto es algo
distinto.
―¿Qué es distinto? ―Inquiere René, que llega atajando esa última
frase de Pedro.
―Es que tu amigo Dag se puso agresivo con nosotros, pero no sabemos
por qué ―responde Pedro.
―¡Carajo!, yo no me di cuenta de eso; ¿les dijo algo?
―Tú escuchaste su discurso ―retoma Pedro―, fue una oda a la
Norinte.
―¡Coño, sí! Se supone que yo era el homenajeado, pero me dedicó dos
minutos y luego se puso a hablar de sus logros en la vida, cosa que
por supuesto no me molestó; sin embargo, ya se me estaba haciendo
incómoda tanta zalamería.
―Claro ―intervengo―, estabas cómodo mientras él hablaba de otra
cosa, por eso no pillaste nada más.
―Sí, lo noté bien emocionado y eso no es común en él, pero, bueno,
tampoco fue que habló mal de ustedes.
―No, pero varias veces nos careó con altivez, en particular cuando
hablaba de la determinante participación de la Norinte en
el Encuentro Subsahariano; te aseguro que eso no fue casual. Él sabe
muy bien quiénes somos nosotros.
―No sé, me parece que están exagerando.
―No tanto ―añade Pedro mientras tiquea velozmente―, estoy
consultando estadísticas en RCU por algo que acaba de decirme Juan y
veo que en la región nórdica se ha venido reduciendo de manera
constante el intercambio, no solo con torbia Paraguaná, sino con el
Sistema Torbí en general. Claro que algo pasa.
―¿De cuánto es la reducción? ―Indago.
―Casi llega al diez por ciento en los últimos seis meses.
―Un montón. Ahí lo tienes, pues ―le digo a René mientras aseguro el
segundo nudo de mi hamaca.
―Pero yo no creo que Kamprad tenga que ver con eso ―insiste René―,
me consta que su influencia en las branding de esas regiones es casi
nula, sobre todo desde que aparecieron los røkkesen.
―¿Quiénes? ―Interrogamos casi al unísono Pedro y yo.
―Los røkkesen, así se hace llamar un grupo de carajitos
marcatenientes que está siendo muy promovido por las branding de
allá arriba.
René no ha terminado de darnos su explicación cuando Pedro lo interrumpe y se dirige a mí:
―¿Juan, te acuerdas de…?
―Carlos ―completo de inmediato.
―¿Qué pasa con el calvito? ―Pregunta René.
―¿Hace cuánto fue eso? ―Le consulto a Pedro―. Unos seis meses,
¿verdad?
―¿Me van a explicar qué pasa? ―Reclama René.
―Algo que nos dijo Carlos ―contesta Pedro sobándose la barbilla―
creo que hace más de seis meses. Vamos a llamarlo de una vez para
pedirle más detalles.
―Yo tengo su path ―señalo al tiempo que comienzo a tiquear.
―Pero espérate, no lo llames directo; que el Pelúo nos haga el
puente.
―¿Andrés?, ¿por qué? ―Inquiero.
―Seguridad, Juan ―responde Pedro―; esto no me está gustando.
―Ya vamos a empezar con la paranoia.
―Es por si acaso, Juan; esto puede ser delicado.
―No sé si te enteraste ―ironizo―, pero desde que Intermashin se puso
en línea hace cinco décadas, se hizo imposible que le escuchen a uno
las conversaciones a través de ella.
―Ninguna precaución sobra, Juan ―añade René cartelizándose con
Pedro.
―Bueno, seamos irracionales; igual hace tiempo que no hablo con
Andrés ―concluyo con resignación.
―Vamos a hablar desde el garaje, que ahí tengo mejores bloqueadores
de ECIPA ―dice René señalándonos en cuál dirección ir―. Carlos sigue
en Estambul, ¿no?
―Allá mismo ―apunto.