Domingo 21 de noviembre de 2117 ≈10:30:00 UTC
Aksu
Sin inconveniente alguno, Taffilynn se encuentra con Gisela y Lucía en Aksu en la principal terminal catavial del lugar.
―Bienvenida, piba ―saluda Lucía―. Una lástima lo de Juan,
queríamos verlo.
―Yo también lo lamento; reconozco que me siento un poco perdida
―responde la joven miliciana.
―Tranquila, que con nosotras estarás bien; si querés, descansá un
rato ―sugiere Gisela―, que más tarde iremos hacia el centro, hacia
el área donde Yu vio al tipo.
Las sureñas y Taffilynn se han mantenido en contacto desde que esta última se separó de mí en Berlín; el sector al que hace referencia Gisela es donde se lleva a cabo la mayoría de las actividades recreativas en la ciudad.
―Está bien, pero si es factible vamos lo antes posible por el
hombre, antes de que se nos esconda.
―No es tan sencillo ―advierte Lucía.
―¿Por qué sería complicado? Ya se sabe dónde está.
―Bueno ―aclara Gisela―, sabemos dónde ha estado estos días, pero
recordá lo que te comenté. Yu dijo haber visto dos veces en el mismo
bar a tres boludos con aspecto de marcatenientes y uno de ellos
parece ser Crombie; el plan es ir a ver si tenemos suerte y los
vemos ahí otra vez, pero no sabemos a ciencia cierta dónde está el
forro ese, ni si aparecerá.
―Es cierto ―admite Taffilynn―, es que me dejé llevar por cierta
premura, algo personal.
―¿Algo en lo que podamos ayudarte, che? ―Ofrece Lucía.
―No es nada complicado, es que mommy…, mi madre vive cerca
de aquí, en Tumxuk, y quisiera resolver rápido lo de Crombie para
visitarla.
―¡Ah! ―Exclama Gisela―. Dicen que Tumxuk está bonita; me gustaría
conocerla antes de que nuestra torbia abandone la región.
―Te vienes conmigo, mommy es muy amigable y también es
torbí; seguramente te ofrecerá su casa.
―Muy bien ―continúa Lucía―, entonces resolvamos lo de Crombie para
que puedan organizar su paseo con calma.
―Vos te venís, querida ―acota Gisela―, todas tres nos vamos a Tumxuk
cuando resolvamos.
―No me caería mal ―dice Lucía―, ya veremos. Tengo en línea a Yu; nos
esperará en el bar con una botella de fernet.
―Ja, ja, ja ―ríe Gisela―, la piba esta nos precisó por el
acento.
―¿Qué es fernet? ―Pregunta Taffilynn.
―Ya lo vas a probar ―advierte Gisela―, ya lo vas a probar.
Minutos después el trío de mujeres descansa en la Kombi que Lucía y Gisela utilizaron para trasladarse desde el campamento de la torbia nómada hasta Aksu.
―Yo no sabía de esta modalidad de torbia ―comenta Taffilynn
recostada en el catre de la Kombi.
―Hay bastantes ―responde Gisela―, pero no hacemos mucho
alboroto.
―¿Y hace mucho que ustedes viven así? ―Interroga Taffilynn.
―¡Puf!… Hemos viajado toda la vida, pero con esta torbia en
particular llevamos unos cinco años. ―Contesta Gisela.
―¿Siempre viajaron juntas?
―Pues este ha sido el viaje más largo que hemos hecho juntas, pero,
incluso, durante este periplo nos hemos separado durante meses por
una u otra razón, principalmente para pasar tiempo con los hijos y
nietos en Santa Fe. ―Explica Gisela.
―¿Y desde dónde vienen?
―Nos unimos a la torbia en el momento de su fundación, eso fue en
Maseru. Éramos solo nosotras y un par de familias rom ―responde
Lucía―, pero muchos han ido y venido mientras recorrimos el
continente africano, el europeo y ahora el asiático.
―Creo que me gustaría vivir así… ―Expresa Taffilynn con tono
reflexivo.
―Pues las puertas de nuestros trailers están abiertas para ti
―invita Gisela―, siempre que poseas algún oficio o profesión que se
pueda ejercer en movimiento, estarás bien.
Taffilynn continúa por un rato más indagando sobre la vida en las torbias nómadas; ya al caer la noche abandonan la Kombi y se dirigen al encuentro con Yu.
―¡Hola, querida! ―Saludan al unísono Gisela y Lucía a Yu, mientras Taffilynn solo extiende su mano para estrecharla.
El grupo entra al bar donde Yu vio a Crombie. Luego de la tercera copa de fernet, todas cuatro se relajan y vigilan con menos insistencia la entrada del local por donde esperan la llegada de los marcatenientes. El tema de conversación gira en torno a los años en que Yu y su compañero, Longjun, operaban como abogados defensores de los derechos humanos en el ahora extinto Estado chino; mientras que las sureñas son capaces de citar similares situaciones de persecución, encarcelamiento y acoso en los también extintos Estados suramericanos y caribeños, Taffilynn relata situaciones similares sucediéndose en el presente y de manera cotidiana en Conus.
Los efectos del fernet intensifican en Yu el común mea culpa de quienes pusieron en riesgo su vida intentando mejorar las cosas dentro de los Estados donde hacían vida: revisa el pasado como si hubiese podido saber que la libertad a que aspiraba solo era posible prescindiendo del Estado, no mejorándolo. Las sureñas orientan la conversación hacia asuntos menos dolorosos, y luego de un par de horas de animada conversa e infructuosa espera, la misma Yu sugiere salir a dar una vuelta y probar suerte en otros locales, pero Taffilynn tiene otra idea.
―Yo creo que en lugar de visitar otros locales del sector,
deberíamos cubrir los puntos de entrada y de salida que traen acá,
¿no les parece?
―No es mala idea ―responde Yu―, solo que tendremos que separarnos
las cuatro, y aun así habrá un par de calles que no podremos
vigilar, pero los puntos de acceso concurridos sí podemos cubrirlos
entre las cuatro.
―Igual, no está de más que revisemos de pasada todos los locales que
estén camino a nuestros respectivos puntos de vigilancia ―añade
Lucía―, por si acaso.
―Que así sea, entonces ―acepta Gisela―. Solo no perdamos el hilo de
la conversación, que está buena, je, je, je.
Las cuatro mujeres se enlazan en apoconferencia y Yu, conocedora del lugar, asigna a cada una un punto de vigilancia, incluso ella.