Lunes 22 de noviembre de 2117 ≈03:20:00 UTC
Aksu · Harare · La Rinconada
Ya en la terminal catavial de Aksu, el caluroso abrazo que comparto con Gisela y Lucía se corresponde a la perfección con la cantidad de décadas que hemos pasado sin vernos. Mikiko, muy a mi lado, sigue mirando de reojo a todo el que se nos acerca, y con la intención de brindarle algo de calma, apresuro un poco las cosas.
―Bueno, mujeres, si quieren nos vamos yendo hacia su campamento ―digo al tiempo que emprendo la marcha hacia las afueras de la terminal―. Como ya deben presumir, ella es Mikiko, no habla nada de castellano, pero tiene un sintetizador brutal. Les paso su path para que conversemos.
Ya abordando la Kombi de las sureñas, procedo con las presentaciones formales.
‐··Ajá, Mikiko, como ya lo debes intuir, ellas son Lucía y
Gisela.
‐··Yo soy Lucía ―dice ella misma desde el volante―, mucho
gusto.
‐··Un placer conocerte ―se presenta Gisela al tiempo que extiende su
mano para estrechar la de su recién llegada huésped.
···Yo soy Asuka Hasegawa, agradezco mucho su apoyo.
‐··Asuka ¿qué? ―Pregunto intrigado.
···Hasegawa, ese es mi verdadero nombre ―contesta Mikiko.
‐··Me gusta que te sientas en confianza, pero me va a costar dejar
de llamarte Mikiko. ―Comento.
···Me da igual ―responde la isleña.
‐··Espero no les importe desayunar con unas arepitas ―invita Lucía―,
se nos antojó comer para recibirlos.
‐··Yo no tengo problema, aunque comí hace apenas una semana, no me
importa repetir.
···Yo no he probado nada por un par de años y no tengo mayor interés
en comer, pero tengo curiosidad por las arepas, así que me anoto.
―Acuerda Mikiko.
Una hora después me sorprende gratamente comprobar lo buena que está la combinación entre arepas peladas y pinchos de cordero al estilo uigur, pero más sorprendente aún fue ver a Crombie preparando todo eso.
‐··El boludo este nos compró con su habilidad culinaria ―señala
Gisela entre bocados―. Ya lo odio menos; resultó no ser tan inútil
como parece.
‐··¿Y no han dado nada de información útil, verdad? ―Indago.
‐··Que va, ese trío no sabe nada relevante, los tenemos acá como
labor social, más nada. ―Desdeña Lucía.
Cuando comienzo a lamentar la reducción en tamaño de mi estómago, normal consecuencia de la adopción de prácticas analimentarias, recibo una inesperada llamada.
···Hola, Juan.
···¿Quién me habla?
···Soy Maya O’leatayounde, la compañera de Isina Kilama.
···¡Hola, Maya!
···Y yo soy Resurrección Estrada ―se cuela una segunda voz femenina,
que a diferencia de la de Maya, no es sintetizada.
Balbuceo por unos segundos antes de poder articular algo coherente; primero, porque me intimida un poco tener en línea a dos de las más prolíficas e influyentes creadoras de las últimas décadas en todo el mundo y, segundo, porque el tono grave que detecto en la voz de Estrada me hace intuir que no es nada bonito lo que las motivó a llamarme.
···Eh… Hola… a ambas… Yo… Maya, ¿Isina llegó bien?
Mi respuesta delata lo que sucede dentro de mi cabezota, y es que en este instante es cuando caigo en cuenta de que olvidé por completo a Isina. Antes de escuchar la respuesta de Maya, ya sé que algo no anda bien y la culpa me invade, pues sé que fallé al no haber estado más pendiente.
···No, Juan ―responde Estrada―, Isina está desaparecida.
···Yo iba a…
···Tranquilo, Juan ―apunta la ibérica sin dejarme terminar―. Tenemos
más o menos claro el panorama de lo que está sucediendo y sabemos
cuál es tu rol en todo esto.
···Sí, mi amigo, sé que podría resultarte extraño que haya
involucrado a Resu, pero no estaba segura de cuánto podía confiar en
ti, así que la llamé a ella antes, hicimos una breve investigación,
y no solo nos percatamos de que podemos confiar en tu grupo, sino
que creemos que podríamos ayudarnos mutuamente.
···Ustedes dirán ―me ofrezco con disposición.
···Bien ―continúa Maya―, con respecto a Isina, sabemos que salió de
mina de Matsuo en la madrugada y llegó junto con un grupo de colegas
a Tokio; ellos dicen que se les perdió de vista en la terminal y
nunca hizo el transbordo para irse a Harare.
···Hay una gente que nos puede ayudar a buscarla en Tokio ―propongo
pensando en los conocidos de Dumas que encontraron a Mikiko.
···Yo también tengo a unos conocidos por allá ―dice Estrada―, pero,
a ver, que ningún aporte sobra, majo.
···Entonces, me voy a regresar lo antes posible.
···¿A Tokio? ―Inquiere Estrada.
···Sí.
···No te sientas responsable, Juan, ya yo voy camino para allá,
calculo que llego en un par de horas.
···Pues, más razón para que nos acompañemos ―insisto―, hay algo que
no hemos hecho público, pero que ya lo damos por cierto.
···¿Qué cosa? ―Consulta la Resu.
···Resulta que, aunque no sabemos a ciencia cierta con quién
lidiamos, estamos seguros de que se han utilizado aposesos en
nuestra contra.
···Joder, mira que me ha pasado esa idea por la cabeza al leer
vuestro informe. ―Comenta Estrada.
···Por eso es mejor estar en grupo; no se puede saber quién es
aposeso hasta que lo tienes encima.
···Está bien, nos vemos en Tokio, entonces ―concluye Maya.
···Denme un segundo para coordinar compañía ―propongo.
Sin darme cuenta no he parado de caminar mientras atiendo la llamada, pero al hacer esta pausa deshago lo andado y vuelvo velozmente hasta el grupo que aún disfruta de la comida, y me voy directamente hasta Taffilynn y le pregunto:
‐·· Taffi, ¿quieres venirte a Tokio conmigo? Es que surgió algo:
Isina está desaparecida.
‐··Claro, Juancho, te acompaño ―dice mostrándose resuelta y segura,
para mi tranquilidad.
‐··¿Eso es ya? ¿De inmediato? ―Inquiere Lucía al escucharme.
‐··Temo que sí; te voy a pedir que nos lleves otra vez a la terminal
catavial.
‐··No hay problema, ya las baterías de la Kombi deben estar al cien
por ciento.
···Juan ―interviene la nipona―, yo podría…
···Tú, tranquila ―la interrumpo―. Apóyanos desde aquí, ¿sí?
···Está bien. Te estoy enviando una llave de mi apartamento; no te
recomiendo que se queden ahí, pero llévala por si acaso.
Habiendo confirmado a Taffilynn como acompañante, retomo el diálogo pendiente.
···Ya escucharon; voy acompañado y por alguien más que
capaz.
···Muy bien, pero aún no concluimos ―sostiene Estrada―, os tenemos
una importante pista.
···¿Qué cosa?
···Maximiliano Ospina-Uribe Santo Domingo.
···Qué nombrecito… ¿Quién es ese?
···El que le pagaba a Rufas Murdoch.
···¿En serio?
···Venga, tío, que sí; unos amigos que operan muy seguido en
paraeconomía me ayudaron a rastrear el origen de lo que tenía Rufas
en RCU, pudimos identificar unos pagos provenientes de registros de
fachas1 y estamos casi seguros de que
fue gente de Ospina-Uribe quien movilizó esos palos. Hubo al menos
tres pagos en un período de seis meses.
···Ya lo precisé. ―Comento apenas obtengo los primeros resultados en
cipr―. Veo aquí a un tipo con pinta de palinarquista en Santa Marta,
¿es ese?
···Ese mismo, al parecer siempre se le consigue en su despacho de la
Marina de Chengue. ―Confirma Estrada.
···Voy a consultar con el grupo, pero segurito le caemos
hoy mismo; cabo San Román no está muy lejos de Santa Marta.
···Me parece bien ―concuerda Estrada―, mejor en persona que en
apoespacio. Te estoy enviando copia de la data que nos ha llevado
hasta él.
···Perfecto. Oye…, con tan buenas fuentes… ¿Si se enteran de algo
más, nos lo hacen saber?
···Por supuesto, Juan ―responde Maya―, estamos haciendo todo lo que
está a nuestro alcance para determinar quién está detrás de la
desaparición de Isina, y eso, seguro, se relaciona con las
agresiones a sus torbias.
···Todos necesitamos saber quién es Griffin ―añado.
···¿Griffin? ―Inquiere Resurrección.
···Así apodamos al agresor desconocido; espero que pronto le
tengamos un mejor nombre, su verdadero nombre.
···Bueno, hay un último asunto que queremos comentarte ―dice
Estrada―, y es que posiblemente yo también esté en la mira del tal
Griffin.
···¿Qué pasó?
···En las últimas semanas han intentado entrar a mi casa tres veces,
eso nunca había sucedido en todas las décadas que llevo aquí. Han
sido varios tíos cada vez, por fortuna nunca pudieron con el sistema
de seguridad, y en la última ocasión Volodymyr mordió a uno de los
intrusos. Analicé lo que obtuve de sangre y tejidos de la boca del
animal, y el perfil que obtuve apunta a que el tío está recién
llegado de algún Estado remanente.
···¿Volodymyr se llama tu perro?
···Sí, el mayor de mis cane da presa.
···¿Cuándo fue eso?
···En octubre, con pocos días de distancia entre una y otra
incursión; no ha pasado un mes desde la tercera vez.
···El mordido podría ser otro conusiense; otro went rogue
de TAIK-Militia.
···El análisis no arrojó mayores detalles, Juanito. En su momento no
me pareció raro que los ladrones fuesen de un Estado remanente, a
esa gente le cuesta adecuarse a yɛlɛma y no es raro que opten por
robar, pero considerando que eso nunca había pasado desde que vivo
acá, y a la vista de lo sucedido con Isina y con ustedes, ahora
asumo que no eran simples rateros.
···Verifica bien que no te hayan plantado escuchas, Estrada
―recomiendo.
···No te preocupes, tío, he verificado todo; nadie es más paranoico
que yo.
···Eso dicen, je, je, je… ¿Nos avisas si ocurre otra vez?
···Venga, tío, seguro.
···Bien ―retoma Maya―, nos vemos en Tokio, entonces. Igual
mantengamos abierto este canal de comunicación.
···Hecho.
Notas
Fachas o personas-fachada, identidades forjadas en el Ámbito Global que no se corresponden con ninguna persona real. Crear personas-fachada es una actividad ardua que implica la forja de registros de persona en el Ámbito Global con los cuales se realizan operaciones legítimas durante años, y cuando la facha posee una buena evaluación de factores (evaluación de los factores de fiabilidad, especulativo, de conflictividad y de participación, según se detalla en el documento de especificación de la plataforma yɛlɛma) es cuando puede ser usada para el intercambio de valores generados en paraeconomía sin levantar sospechas.↩︎