Primera conflagración discreta

Jueves 18 de noviembre de 2117 ≈10:00:00 UTC

Caracas · Estambul · Paraguaná · Margarita · Choroní · Popenguine · Shanghái

Despierto a eso de las seis de la mañana y me levanto con cuidado para no molestar a mi compañera. En la habitación contigua escucho los ronquidos simultáneos de Yuca y de Harold; más silenciosa está la habitación del fondo, donde duermen los milicianos huéspedes.

Al finalizar mi regular rutina matutina de aseo, salgo del baño del patio y me encuentro a los tres muchachos parados, casi firmes, frente a mí.

—Buen día —saluda Taffilynn con firmeza castrense—, solicitamos tu autorización para realizar un recorrido de reconocimiento por el perímetro. —Relájense, aquí no hay riesgo de ataque. —Quizá no lo había —replica la joven—, pero los últimos acontecimientos demuestran que es necesario tomar precauciones.

La muchacha no solo me deja sin argumentos, sino que me despierta a una nueva y antipática realidad: luego de un montón de décadas de paz y tranquilidad, parece que vuelve a ser necesario aquello de instalar cerrojos en las puertas y asegurar las ventanas.

Me encojo de hombros y solo les aclaro que son libres de decidir qué hacer, más ahora cuando han demostrado tener tan buen criterio. Apenas salen, me recuesto en la hamaca del porche para revisar el registro de conversaciones en casa de Augusta. Aurelia se levanta poco después, la invito a ver las grabaciones de la golpiza en Leknes y nos deleitamos en el indecente placer de repetir una y otra vez, en cámara lenta, las escenas de puñetazos. Luego de un rato en eso, llega Yuca recién levantado.

—Harold sigue dormido —me comenta luego del saludarnos a ambos. —Ese no se levanta a esta hora ni con grúa —respondo—, déjalo. —Bueno, si a las once no se ha parado lo llamo; que no sea pendejo, no vamos a esperar todo el día por él. —Ciertamente.

Un par de horas después regresan los milicianos mojados, semidesnudos y muy risueños. El reconocimiento del perímetro culminó con un chapuzón en el mar. Es Aurelia y más nadie quien primero realiza que quizá la muchachada tenga el hábito de comer a diario.

—Niños, yo no conozco sus hábitos, pero creo que a la microphabric de la cocina le queda algo de insumos, si es que quieren comer. —Yo estoy bien mi señora, he estado experimentando un tiempo con .NA y me he sentido muy bien, pero estos dos si son la marabunta —responde Taffi refiriendo a sus compañeros.

Yuca se adelanta a la Petisa y le explica a los muchachos cómo preparar alimentos en la microphabric. A eso de las diez de la mañana, Harold sale estirándose de la habitación, con los ojos hinchados y un cigarrillo próximo a ser encendido colgando de su labio inferior. Aurelia lo invita a fumar juntos en el porche, Yuca, Taffi y yo nos juntamos a ellos mientras Donnie y James exprimen lo que pueden de la microphabric.

—Me voy a poner a revisar tu micrófono, Juan —dice Harold tras su última bocanada—, voy a montar el equipo ahí mismo en la habitación. Vente, Yuca.

Cuando pasan frente a la cocina, Yuca bromea por unos instantes con los muchachos, su buen humor ayuda, tanto como la playa, a terminar de subirles el ánimo. Menos de quince minutos después sale de la habitación Harold con todo su equipo ya empacado.

—Listo —sentencia—, vámonos donde Norberto. —¿Qué encontraron? —Pregunto. —No mucho —responde Yuca. —Pero, cuéntenme, coño. —No, Juan del demonio —espeta Harold—, quiero un churrasco gigante para celebrar y romper mi 1NA, vamos y allá hablamos con todo el mundo que no quiero estar repitiendo la misma historia una y otra vez. —Igual, no creo que sirva de nada lo que vimos ahí —añade Yuca intentando apaciguar mi ansiedad.

Quince minutos después descendemos del tranvía en Tiraya y caminamos a casa del compadre, donde ya se siente el olor de la leña ardiendo, supongo que Yuca avisó del antojo de Harold. Sorprende ver que Yrene ya está ahí, les presentamos los muchachos a todos, buscamos sombra en el cují y desde ahí ingresamos a casa de Augusta para convocar al resto de los compañeros. El primero que entra en materia, luego de que Augusta impone el orden, es Jonathan.

···Bueno, aquí hay mucha tela que cortar: el primer punto que quiero tocar es la muerte de Brewer. Ya supe que se trajeron de Conus a tres milicianos y que uno de ellos es hija del difunto. ‐··Es así, amigo, los muchachos están aquí —los miro al tiempo que los nombro—, pero no tienen TDk ni espinal, solo pueden escuchar a los que estamos acá. ···Me parece bien —continúa Jonathan—, porque hay algo que quiero que consideremos, y es mejor que ellos no lo escuchen por ahora. ···¿Y qué será eso? —Tiquea Aurelia. ···Que no podemos descartar la posibilidad de que el micrófono plantado a Juan haya servido para facilitar el ataque en que se dio muerte a Otis.

Ese comentario me cae como un balde de agua fría, y es que de buenas a primeras me parece coherente. ¿Mataron a esa gente por mi culpa? Inmediatamente, Yrene interviene intentando calmar la tensión del momento.

‐··No creo que sea relevante debatir eso ahora; pasemos a lo siguiente. ···Si me permiten un comentario —añade Dumas—, he estado investigando lo sucedido en Idabel, y no creo que la cagada de Juan alcance semejante magnitud. Por lo que he visto, no era ningún secreto que los milicianos instalaban ese campamento ahí de cuando en cuando, por lo que no era necesario espiarlos a través de Juan ni de más nadie para obtener la localización del lugar. ···Ojalá tengas razón —tiqueo aliviado—, porque ahora mismo me da vergüenza mirar a la cara a estos muchachos. ···Yo creo que con lo que dice Dumas queda descartada esa posibilidad —concluye Gusmen. ···Bueno —insiste Jonathan—, yo solo digo que lo consideremos. ‐··Harold encontró algo en el micrófono —interrumpe Yuca en forma tajante—, explícanos, amigo. ‐··Resumiendo —expone Harold—, pude extraer del micrófono una micropartícula de material biológico que me sirvió como muestra de ADN; al analizarla encontré un alelo del gen GALNT11 que es casi exclusivo de los habitantes de las islas japonesas. ‐··¡Coño!… ya sé quién se cagó en mí —digo al recibir el segundo balde de agua fría del día. ‐··¿Quién? —Pregunta Yrene. ‐··Claro, tuvo que ser ella… —murmuro. ‐··Explica, por favor —dice Aurelia. ‐··Nada, tiene que ser ella —concluyo ya convencido—. Es que cuando iba en el pentatrén a Borgoña una muchachita de rasgos asiáticos salió de la nada, se puso a hablar conmigo y recuerdo claramente que al despedirse se me guindó del cuello. ‐··Si serás idiota —espeta Rubén. ‐··¿Y por qué no dijiste eso antes? —Inquiere un ahora alarmado Gusmen. ‐··No era relevante, ¡coño! —Me defiendo. ‐··Pero, ¿cómo no va a ser relevante que una extraña se te guinde del cuello? —Dice René. ‐··Entiendan, en aquel momento no teníamos la menor idea de nada de esto, no tenía ninguna razón para desconfiar de nadie, menos de esa inocente criatura. ‐··Yo creo que el inocente fuiste tú, Juan —añade Dumas con tono risueño. ‐··Todos contra Juan, pues —digo ya derrotado. ···Hagamos algo —dice Andrés con tono más serio, pero condescendiente—, cuenta en detalle todo lo que pasó y todo lo que viste de la muchacha esa, a ver qué puedo averiguar.

Dedico los siguientes minutos a pormenorizar aquella mi conversación en el pentatrén con quien dijo llamarse Mikiko; la describo lo mejor que puedo mientras trato de ignorar la oleada de risitas, comentarios burlones y mofas del grupete.

···Estimados —interviene Augusta—, noto un insano patrón de aplique y chalequeo en sus comentarios; si bien comprendo que por razones culturales se trata de un proceder típico y arraigado entre los presentes, sugiero evitarlo para no dispersarnos. ‐··Orden en la casa, pues —comento aliviado por la asistencia del autómata—, gracias, Augusta. ···Bueno, nos pondremos a revisar a ver —advierte Jonathan—, pero la veo difícil, no tenemos casi nada. ···Yo creo que sí se puede conseguir algo —anuncia Andrés—. Ese modus operandi lo he visto, les haré saber si doy con algo. ···Bien —interrumpe Yrene—, cambiando el tema, tengo una propuesta. Hasta ahora hemos manejado este asunto con cierta discreción porque no teníamos certeza de que hubiese una agresión real, pero ya con lo que le pasó a mi esposito en Leknes, y con ese asunto del micrófono a Juan, no queda duda de que somos blanco de un ataque y, pienso yo, que tenemos que alertar al resto de las torbias. ···Eso me parece lo más inteligente —añade Torkins—, porque, además, es seguro que se obtendrá información valiosa de vuelta, una vez que le planteen esta situación al resto del Sistema Torbí. ···Listo —concluye Yrene—, si nadie tiene objeciones, esta tarde preparo un comunicado resumiendo la situación, y una vez que todos aquí lo revisemos y aprobemos, creo un RR1 para eso. ···Hay una cosa que tienen que considerar —agrega Harold—, yo veo que varios aquí andan con TDk, y no es que eso sea un problema, pero considerando la situación por la que están pasando, yo creo que todos deberían ponerse espinales, por lo menos hasta que vean esto resuelto. ‐··Me recuerdas a Mikiko… —mascullo. ···Es verdad —dice Pedro desde Popenguine—; de hecho, en estos días estuve a punto de ponérmelo, pero no consigo a nadie de confianza por aquí que me ayude con eso y ahora, luego de la cagada de Juan me entró la paranoia. ‐··Ahora es la cagada de Juan… —Vuelvo a mascullar. ‐··Yo tengo varios peroles de esos guardados ahí —dice el compadre. ‐··¿Y eso? —Pregunta mi compañera. ‐··Es que hace como un año compré el tubito ese que trae una docena, pero nunca me puse ninguno. ···¿Y por qué una docena? —Curiosea Carlos. ‐··¡Ay!, mijito —responde Yrene—, te olvidas de que Norberto ha sido un exagerado desde siempre. ‐··¿Y tú sabes instalar eso, Harold? ‐··Sí, pero no me voy a quedar aquí para siempre, así que díganme quiénes son para salir de eso hoy mismo.

En ese momento noto cómo los jóvenes milicianos susurran algo entre ellos y luego me miran como queriendo pedirme algo; me resulta obvio lo que desean, así que ni les pregunto.

‐··Compadre, ¿te parece si de una vez usamos tres de tus espinales para los muchachos? —consulto. ‐··Utilicen todo eso, compadre. ···Y tú, quédate tranquilo, Pedro. Yo te consigo un sitio de confianza para que te pongas el tuyo también. —Dice Carlos.

Notas
  1. Un registro de recurso (RR) es la representación dentro del RCU de un recurso cualquiera —material o intangible—, y sus bloques de cambio de estado.↩︎

Añadir una anotación al texto seleccionado
Ver código QR del hiperenlace al texto seleccionado
• Mover el señalador hasta el bloque de la selección
• Copiar el texto seleccionado al portapapeles
• Copiar hiperenlace a la selección en el portapapeles

: