Sábado 13 de noviembre de 2117 ≈11:30:00 UTC
Catavía Subatlántica · Punta Cana · Paraguaná
Ya acomodado con René en el pentatrén rumbo a Punta Cana, caigo en cuenta de que no he resuelto aún cómo nos iremos desde ahí hasta Paraguaná. Cuando le comento este descuido a mi compañero de viaje, me pregunta:
—¿Qué opciones hay? —Lo regular es que alguno de los catamaranes de la flotilla de la torbia que esté cerca nos lleve, pero como no avisé, quizá haya que esperar un montón. —Supongo que ya estás llamando. ‐··Sí, dame un segundo… Hola, Yuca, ¿te desperté? ···Sí, pero bueno, ya me iba a levantar, Juan, todo bien.
Yuca es otro cercano y antiguo amigo; es integrante de la torbia y vive con su familión cerca de nosotros en Adícora. Elegí llamarlo porque él está bastante envuelto en los asuntos de tráfico marítimo en la torbia.
‐··Hermano, ¿de casualidad estará alguna nave por Punta Cana entre las 8 y las 9 de allá? ···¿Dentro de una hora? Ya va, déjame ver… ¿Por qué no avisaste antes? ‐··Se me pasó. ···Bueno, no importa, tuviste suerte; el Carcará se accidentó ayer en Punta Borinquén y apenas ahora es cuando se van a regresar, ya les dije que pasen por ti. ‐··¿El Carcará? ¿Ya Nara volvió? ···Sí, amigo, hace poco. ‐··Una cosa: voy con René, ¿sabes?, el de Sorrell. ···No hay problema; ya entregaron la carga, vienen ligeros. ‐··¿Y qué le pasó al Carcará? ···Aún no sé, no se ha completado el registro del viaje. ‐··Bueno, hermano querido, nos salvaste, gracias por esa. ¿Y Michelle? ¿Cómo está? ···Aquí está dando teta; bella como siempre. ‐··Me la saludas. ···Seguro, amigo, avisa cuando aborden la nave. ‐··Eso, te confirmo, ¡muchas gracias!
Apenas se percata de que finalicé la llamada, René me interroga una vez más.
—¿Nos van a buscar? —Sí, tuvimos suerte, hay un catamarán cerca. —¿Y por qué preguntaste qué le pasó? —Ah, es que se regresaban ayer a Paraguaná, pero se retrasaron; entiendo que por problemas mecánicos. —¿Qué problemas? —No sé. —¿Y esos problemas ocurren con frecuencia? —No sé. —Eso es algo que también podría revisarse, Juan. Pásame los paths en RCU de esa flotilla para echarles un vistazo.
Es en este instante cuando caigo en cuenta de lo solidario que es René. Esa solicitud me deja muy en claro que su atención sigue fija en el problema con la gente de Kamprad.
—René…, tú sabes que yo te quiero, ¿cierto? —No te pongas cariñoso y busca lo que te estoy diciendo. —Agradezco mucho tu solidaridad, de verdad. —¿Ya estás buscando? —Estoy en eso, déjame fastidiar a Yuca otra vez para confirmar que no me falte nada.
Sé que René entiende lo que quiero expresarle, así que no insisto más y llamo a Yuca otra vez:
‐··¡Epa!, soy yo otra vez. ···Me despertaste otra vez, Juan. ‐··Tú dijiste que ya te tenías que levantar. ···¿Me llamaste para no dejarme dormir? Eso no se hace, amigo. ‐··No, no; necesito una cosa más: que me pases todos los paths en RCU que se relacionen con la flotilla. ···Seguro, ya te paso todo lo que tengo, pero, ¿y eso para qué? ‐··Se presentó un problema con los nórdicos; cuando llegue allá te cuento los detalles. ···Está bien; en breve ya tendrás todo en tu path. Avísame si necesitas algo más. ‐··Tranquilo, hablamos, gracias; eres un peluche.
Apenas la recibo, reenvío a René la lista; él procede a analizar la información y, mientras su proceso se ejecuta, me explica.
—Estoy cruzando toda la data en RCU que se relacione con esos paths, lo hago con el ADDAA1 de Leinny; ella le ha hecho un montón de optimizaciones a esa aplicación; te aseguro que si hay algo raro, lo vamos a descubrir. —Perfecto.
Minutos después, el análisis de René ya arroja resultados relevantes.
—Aquí hay algo que puede ser de interés, Juan; conéctate a mi path para mostrarte.
Establezco el enlace, me reclino en mi asiento y cierro los ojos; lo que recibo de René a través de mis proyectores maculares es una sucesión de gráficos que él mismo me va explicando.
···Fíjate, aquí puedes ver cómo hace tres meses y medio se comenzó a reducir la cantidad de fallas técnicas en las naves de la flotilla, pero si miras este otro gráfico te das cuenta de que a partir de esos mismos días los retrasos e incumplimientos en las entregas se han triplicado. —Es decir, que los retrasos no se relacionan con las fallas técnicas. ···Pues no lo sé, porque si bien las fallas técnicas se redujeron, fíjate acá en este tercer gráfico cómo se ha incrementado muchísimo el tiempo que cada nave pasa en mantenimiento. —Y sospechas que las fallas se están disfrazando como tareas de mantenimiento. ···Exacto. —Bueno, ya vamos a llegar a Punta Cana; yo conozco a los muchachos del catamarán que nos espera. Vamos a tantearlos, a ver qué nos pueden decir ellos. ···Claro, tendremos tiempo de sobra. Son como ocho horas hasta Paraguaná, ¿verdad? —Sí, aún no hay catavías hasta allá. ···Qué atraso, ese, en que vives… —Se te está pegando lo gracioso del maracucho, y ya está bueno, puedes comenzar a hablar por la boca, como la gente normal.
El resto del tiempo que pasamos en la catavía subatlántica lo dedicamos a organizar toda la información que tenemos. Unos tres cuartos de hora después, ya en Punta Cana, nos ponemos en contacto con los muchachos del Carcará y recibimos de ellos las indicaciones necesarias para llegar al muelle donde abordar la nave.
—¡Narinha! ¡A minha menina! —¡Hola, Juan! Meses sin verte, ¿todo bien? —¡Chévere, todo muy bien! —¿Y no nos presentas a tu amigo? —Ajá, conozcan a René, un viejo amigo caraqueño, va a pasar unos días con nosotros en Paraguaná, y tú conócelos a ellos: Raúl Caldera, Ilych Bohórquez y mi hermosa Nara Leão. —Un placer —dice René mientras estrecha manos.
El recibimiento se apura; los tres tripulantes de la embarcación no quieren perder tiempo, ya se preparan para zarpar. René se queda mirando cómo Raúl e Ilych operan las velas, y yo sigo a Nara hasta la caseta del timón.
—Qué casualidad que preguntes, Juan. Los muchachos y yo decidimos crear unos registros de disputa en RCU; por eso, es muy irregular la situación.
Tal es la respuesta de la marinera cuando le planteo mis inquietudes sobre los desperfectos que presentó la nave.
—Pero, fíjate, hace un rato estábamos revisando y notamos que ese tipo de problema se ha venido presentando por varios meses ya, y en toda la flota. —Eso es parte de lo que vamos a incluir en el registro de disputa, ya lo hemos notado. —¿Y desde cuándo? —Bueno, yo llegué de Tanguro hace tres meses. Durante este tiempo he estado en cinco naves distintas, y dos han fallado: el Vela 18 y ahora mi Carcará. —¡Ah!, estuviste en el Mato Grosso. —Sí, pasé unos meses con la familia; tienes que ir a conocer mi selva, Juan, está muy bonito eso allá, no me quería venir. —Tengo ese viaje en mi lista de pendientes; espero hacerlo pronto.
El resto de la conversa con Nara gira en torno a asuntos triviales; un rato después la dejo, me dirijo al área de carga del catamarán y ahí encuentro a René descansando sobre unas paletas y le comento cómo ratifica sus hallazgos lo que acabo de conversar.
—Voy a decirle a la gente para reunirnos al llegar a la península —afirmo con resolución. —¿En la noche?; Ilych me dijo que llegaremos entre las 16:50 y las 17:00 hrs a cabo San Román. —Sí, voy a convocar a las 20:00 en casa del compadre Norberto, en Tiraya, así tendremos tiempo para indagar algo más. —¿A quiénes vas a invitar? —Además de los que ya estamos al tanto; en principio quiero involucrar solo a unos pocos. Se me ocurre comenzar con Yuca, Aurelia, Yrene, Norberto y el equipo de minería de datos de la torbia. —Me parece sensato; mientras no tengamos nada concreto, es mejor no alarmar a toda tu gente. —Exacto, eso es lo que pensé. —Bueno, entonces, deja que yo le avise a Andrés; Carlos y Pedro, que estén pendientes a esa hora. —Perfecto; pásale a todos el análisis que hiciste, yo se lo envío a los que estoy convocando, les voy a adelantar solo generalidades.
No teniendo nada más que hacer por el momento, me recuesto y me sumerjo en el apoespacio para pasar el tiempo; supongo que René está en lo mismo.
···Juan, desperézate que ya estamos llegando a puerto —advierte Nara desde la caseta del timón. ‐··Okey, recibido. —¿Qué pasó? —Inquiere René. —Que ya estamos llegando. —Bien. Una pregunta: ¿qué edad tiene Nara? —Creo que hace poco llegó a las 10 décadas. —¡Ah!, entonces sí está en terapia agerásica2. —Claro, ¿quién no lo está? —Si estuvieras enterado, supieras que no son pocos los que dicen que no es natural vivir tanto. —La verdad, sí son pocos, muy pocos. —Bueno, como sea; te lo pregunto porque le veo muchas canas. —Ella me cuenta que siempre fue canosa, desde adolescente. —Me dan curiosidad esos casos en los que la terapia no es cien por ciento efectiva. —¡Ah!, eres de los que les da morbo la vejez ahora que los viejos escasean. —Bueno, ella tiene canas, no es vieja, pero sí, está linda. —Ya vámonos, y compórtate cuando te despidas; no te pongas viejo verde. —No se puede ser viejo verde con una mujer centenaria. —Le llevas cuatro décadas. —Eso es un argumento sin sentido, pero déjalo así. Vámonos. —Vamos.