Capítulo primero
Donde estaban la puerta y una reja de seguridad, ahora solo hay una cortina de lona gruesa; justo cuando la voy a apartar para asomarme, se abre repentinamente y sale un flacuchento de mediana estatura. Como viene de costado, y sin mirar al frente, se percata de mi presencia a milímetros de tropezarme:
—¡Epa! —Exclama sorprendido, pero no asustado.
Junto con él sale del lugar el paradójico olor a mierda esterilizada de los dentrópatas1. Con cautela, y sin dejar de mirarme, se agacha para poner en el piso la caja con basura que acarrea y, al reincorporarse, me inquiere:
—¿Vienes por el servicio?
Su pregunta y un fugaz vistazo al interior del apartamento me permiten confirmar lo que mi olfato ya advierte: el lugar ahora es un centro SCAF de bajo nivel, una catrera.
—Eh…, en realidad no vengo como cliente. —Bueno, amigo mío, yo solo presto un servicio, no obligo a nadie a internarse —dice el flaco encogiéndose de hombros, evidentemente predispuesto—. Aquí solo está una muchacha que dice llamarse Andreína; si no es a ella a quien buscas, puedes entrar y confirmar que no hay nadie más.
Falseo un gesto de incredulidad para confirmar su errada deducción, y él, sin decir más, cabecea invitándome a seguirlo. Cuando me da la espalda para encaminarse hacia adentro, puedo ver los manchones en sus pantalones y me figuro de dónde emana parte del hedor que cada vez se hace más intenso.
Agujas, cobijas, sondas, monitores, esterilizadores, mangueras, pañales drenantes, bolsas de suero… Camino sobre la alfombra de colchonetas en las que reposa todo eso y la trato como si no mereciera ser pisada. La pared en la que mi mamá tuvo colgada una copia del Femmes de Tahiti está ahora cubierta por un deteriorado thinscreen2 que muestra en ese instante a una rubia lanzando besos de despedida mientras un The End y sucesivos créditos pasan sobre su sonriente y embadurnado rostro.
—¿Qué te parece? —Pregunta el flaco al notar donde fijo mi atención—. Recién terminé de renderizar ese filme; te aseguro que nadie podría diferenciar a la Cicciolina real de esta que generé para mis producciones protopornográficas.
Le respondo con una sonrisa y sigo caminando. Cuando pasamos frente a la cocina comienzo a percatarme de cuán absurda era mi expectativa de encontrar cualquier cosa que me fuese familiar; han transcurrido más décadas de lo que recordaba.
Llegamos a la entrada de las habitaciones del fondo, fin del corto recorrido. Al parecer, Andreína recibe el servicio VIP porque no está en ninguna de las colchonetas regadas por el piso, sino en una de las dos camas de armazón metálica que alcanzo a ver en el apartamento. La joven parece suspendida de las cuatro mangueras por las que fluye hacia sus arterias el cóctel químico que, además de mantenerla en vigilia, la alimenta e hidrata mientras hace vida en el apoespacio3.
—Disculpa la intromisión, Juan, pero…, tú creciste aquí, ¿verdad?
El flaco no está tan ido como aparenta; mientras me pasea por su local, está haciendo lo suyo en cipr4, pudo identificarme y ahora hasta sabe cuál es mi relación con el lugar.
—Bueno, mejor te dejo para que sigas en tus cosas. —Digo sin poder ocultar mi sorpresa. Me siento en desventaja. —Espera, no te asustes; es que…, ya que estás aquí, creo que quizá puedas ayudarme con algo. Resulta que hace poco debatía con unos amigos lo ocurrido en 2117 y nos surgieron varias dudas; estuvimos investigando, pero lo que encontramos no nos satisfizo del todo. ¿Aceptarías que conectemos en apoconferencia5 con ellos por un rato? —¿Y qué es lo que no encuentran? —Pregunto mirándolo por sobre mi hombro, mientras deshago lo andado—. Dudo que haya algo de aquel asunto que no se haya hecho público. —Sí, es cierto que hay información abundante, pero ustedes, que fueron protagonistas de los hechos, han comentado poco o nada, sería más que enriquecedor conocer tu perspectiva personal, ¿me entiendes? —Entiendo, pero… si no tuviera que irme… —Yo te aseguro que solo serán unos minutos; son preguntas muy concretas las que queremos hacerte. —Mira, tengo planificado comenzar a escribir sobre eso —miento—. ¿Qué tal si te paso lo que haga? Dame un path6 para llamarte y te contacto cuando tenga algo, ¿te parece?
Si bien el flaco asiente, cierta mueca en su rostro me deja claro que no lo engaño. Con resignación, pausa la protoporno en el thinscreen y proyecta ahí un bokode7 con su path, lo escaneo, le doy una palmada en el hombro y me voy antes de que pueda decirme algo más.
Transcurrido poco menos de un año, me pongo en contacto con él y le hago llegar el path de la crónica recién publicada, de esta crónica. No tarda en llamarme de vuelta:
···Para ser honesto, Juan, te debo una disculpa; estaba convencido de que me habías ofrecido esto solo para zafarte de mí cuando viniste a Caricuao. ···En todo caso, soy yo quien debe disculparse; en verdad mentí, pero luego me puse a pensar en el asunto y terminó pareciéndome buena idea componer un relato escrito de aquellos eventos.
Notas
Personas que de manera compulsiva entran en suspensión crónica de la actividad física (SCAF) con la finalidad específica de permanecer inmersas durante prolongados períodos en el espacio apofísico, lo que en algunos contextos aún se conoce como ciberespacio. Importa destacar que el adjetivo dentrópata es un vulgarismo; la denominación formal para quienes poseen tan debatida condición es apodependientes.↩︎
Pantalla extradelgada, flexible, maleable y adhesiva.↩︎
Nombre alternativo para referir al espacio apofísico.↩︎
Acrónimo del inglés Cosmic Index of Public Resources, índice descentralizado de recursos públicos en el apoespacio. Los más viejos solemos llamarle TGN (The Google Nemesis).↩︎
Teleconferencia que se realiza apoespacio mediante.↩︎
Identificador de recursos en el apoespacio. El path agrupa las utilidades que otrora brindaban los números telefónicos, las direcciones de correo electrónico, las direcciones web, los ISBN y cualquier otra herramienta de identificación de personas o recursos en redes de telecomunicaciones, redes informáticas y dispositivos de cómputo.↩︎
Utilidad para el intercambio de información en línea visual cuya funcionalidad es similar a la de los ya clásicos códigos QR o códigos de barras.↩︎