Primera conflagración discreta

Viernes 12 de noviembre de 2117 ≈17:50:00 UTC

Borgoña

Luego de desembarcar del pentatrén en Borgoña, Pedro acepta mi sugerencia de irnos caminando hasta Strie du Lac en lugar de utilizar los tranvías sugeridos por la oseta. El recorrido por las orillas del lago de Pannecière no toma más de media hora y disponemos del tiempo suficiente.

—¡Qué frío hace, coño! —Digo mientras intento calentarme las manos por fricción. —Sí, hace algo de fresco. —Ocho grados no es fresco, es frío —replico. —Tienes que salir más seguido de Paraguaná, Juan.

Aunque ninguno de los dos lo comenta, sé que Pedro también nota cómo algunos transeúntes nos miran con insistencia: nuestra vestimenta de fibra de cáñamo, y quién sabe cuál otro rasgo característico hace evidente que somos torbíes; además, el nivel de curiosidad que percibo me hace presumir que no suelen pasearse muchos de nosotros por el lugar.

Apenas llegamos a Strie du Lac se nos indica pasar con rapidez y en silencio a una pequeña sala aledaña al salón de asambleas a la que se convocó a René. Estando ahí, apretujados con el resto de los invitados, Karinna nos envía a todos el path de una cámara en el salón de asambleas que nos permite ver con total nitidez a René y a Aristóteles desde el momento cuando entran al lugar.

Las risas entrecortadas y los murmullos de los presentes no me impiden poner atención a la conversación que captura la cámara en cuestión.

‐··Pero, bueno, aquí no hay nadie —espeta René—, ¡¿qué falta de seriedad es esta?! Augusta, comunícame con Karinna. —Vamos a esperar un poco —recomienda Aristóteles. —Esa gente nunca llega tarde; te apuesto a que no era aquí la reunión.

Siempre he tenido la impresión de que Savlenkova es medio sádica, y su expresión de placer viendo a René contrariado no me ayuda a disipar esa idea. Se voltea y nos hace señas indicando que no está atendiendo la llamada; sonríe con vicio mientras ve a nuestro mutuo amigo impaciente y molesto; esa situación se extiende por un par de minutos, hasta que ve a René encaminarse hacia la puerta para largarse, entonces hace que salgamos todos con rapidez al salón de asambleas y ahí rompemos en aplausos y risas en torno a él.

—Caí como un niño, no lo sospeché —dice el agasajado a Karinna.

Pedro y yo nos apartamos mientras el resto de los presentes besa y abraza a nuestro amigo. Ya calmada la multitud, nos le acercamos; supongo que se alegra de vernos, pero igual reacciona como si nos viera a diario.

—¿Quién dejó pasar a este par de hippies? —Dice entre risas—. ¿Qué más, Pedro? ¡Juan!, mira nada más, ustedes parecen unos carajitos. Me voy a ir a una torbia de esas a ver si me quito los achaques. —Llevas décadas diciendo lo mismo, pero al final nada te separa del taller nanobótico, mijo —interrumpe Aristóteles, al tiempo que nos ofrece su mano. —¿Qué tal, maracaibero? ¿Cómo estás tú? —Mi tono es el más cordial, me cae bien el personaje. —De maravilla, primo, ¡machete! —Responde el zuliano.

Sin anuncio alguno comienza a tocar una agrupación de guasa1. El grueso de los asistentes se arrima al baile, pero nosotros nos quedamos conversando. Aristóteles nos señala la mesa en la que acaba de poner un montón de vejigas de whisky; Pedro arruga la cara y sé que va a empezar a buscar un vaso con hielo, odia beber de las vejigas, dice que se siente como un paciente de hospital acarreando su bolsa de suero.

Un rato después Karinna hace broadqast2 a los paths de los presentes:

···Estimados, apenas finalice la pieza que la banda interpreta, vamos a escuchar las palabras de algunos de los asistentes; les pido se acerquen al centro del salón.

En el momento anunciado, la oseta se pone de pie en el pequeño podio preparado para la ocasión y toma la palabra; habla en su lengua materna, pero nos facilita la vida haciendo broadqast simultáneo en seis idiomas distintos. Me quedo con el canal en castellano.

‐··Compañeros, como ya muchos de ustedes saben, Dag Kamprad se encuentra de visita entre nosotros. Spaka, como le decimos sus allegados, es integrante e imagen principal de nuestro corpus3 y, como todos saben, es miembro fundador de la Internacional Nórdica razón por la cual goza de un amplísimo reconocimiento en el ámbito mundial y, bueno, es además un muy apreciado amigo de nuestro agasajado; por tanto, quiero invitarlo al podio para que le dirija unas palabras.

El aplauso, por supuesto, ensordece. Dag es uno de los primeros marcatenientes4 en yɛlɛma y su buena reputación le precede. Finalizada la ovación, se inunda el recinto con sonrisas y gestos de admiración. Kamprad, hablando en perfecto castellano, se disculpa por dirigirse a la audiencia utilizando su mal castellano y explica que lo hace para honrar las raíces caraqueñas del homenajeado. Comienza su discurso con lo que corresponde, destaca el importante aporte del ingeniero René al corpus, lo mucho que se le valora y cuánto se le aprecia; lo pinta como ejemplo a seguir por las nuevas generaciones, etc. Pero a medida que avanza en su discurso, y de manera muy sutil, sus palabras se van orientando hacia asuntos que poco o nada tienen que ver con nuestro amigo.

‐··Sí, señores, porque René, sin duda, es un compañero con posiciones afines a las que ha impulsado siempre la Internacional Nórdica. Y es que la Norinte, desde su fundación, ha tenido como único objetivo el elevar la calidad de vida de todos y cada uno de los habitantes de nuestro planeta y, señores, NADIE PUEDE NEGAR QUE LO HEMOS LOGRADO.

Esa última frase destaca por la particular gravedad con que la pronuncia, pero mientras sentencia puedo percibir, además, que su mirada, acompañada de un leve gesto de desprecio, apunta hacia donde estamos Pedro y yo. Hace una pausa para sorber el remanente de su mate y continúa.

‐··Al principio se nos llamó soñadores; se nos acusó de perseguir una quimera, pero cuando la región subsahariana adoptó nuestras recomendaciones y el África comenzó a experimentar niveles de bienestar social y de abundancia, que para aquel entonces resultaban impensables, fue cuando el resto del mundo volcó su atención en nosotros. No fue fácil diseñar el plan yɛlɛma, no fue fácil ver desmoronarse esos aparatos estatales que durante siglos parecieron invencibles; no fue fácil lograr el consenso necesario para lograr transiciones pacíficas, pero lo hicimos, y nada nos dará jamás tantas satisfacciones como aquellos logros.

Kamprad parece tener su propia versión de la historia. Es más que pretencioso insinuar que la Norinte diseñó yɛlɛma y es más que descaro el que lo haga delante de nosotros, sabiendo que aquellos días también estuvimos en Bamako y que fuimos parte de el Encuentro Subsahariano. Apartando modestias, si a ver vamos, nuestro aporte al documento de especificación del JAS Yɛlɛma fue mucho mayor que el de todos los participantes de la Norinte juntos.

‐··No todo fue color de rosa —continúa el marcateniente—, vivimos momentos muy difíciles en ese entonces y, aunque superamos con éxito la gran mayoría de los retos que enfrentamos, nuestra lucha no culmina aún, pues no descansaremos hasta ver superadas las duras condiciones en que viven nuestros hermanos de los Estados remanentes: sé que más temprano que tarde los estaremos recibiendo con los brazos abiertos en el mundo yɛlɛma.

Sin dilación se deja escuchar otra oleada de aplausos, quizá más fuerte que la anterior. Kamprad abandona el podio y se dirige hacia un tipo que no identifico; mientras conversan ceban su mate, y durante ese diálogo en un par de ocasiones miran hacia nosotros y no logro definir con exactitud las expresiones que se dibujan en sus rostros, pero no tengo duda de la hostilidad en ellas.

—Pedro, ¿son ideas mías o…? —No, Juan, ya te lo iba a comentar —responde interrumpiendo mi interrogante—. Espérate a que salgamos de aquí y hablamos.

Luego de otro par de discursos de elogio el asunto vuelve a ser fiesta, pero Pedro y yo ya no estamos muy entretenidos; compartimos la misma incomodidad.

René se acerca a nosotros y se pone a conversar con Pedro sobre un proyecto en el que está involucrado; yo me aparto de ellos y me acerco a Karinna, le busco conversación, le comento lo agradable que me resulta el recinto y la ciudadela en general, pero mi verdadera intención es sacar a colación la actitud de Kamprad y ver si logro indagar algo.

—¡Rusa! —Exclama Aristóteles al tiempo que se abalanza entre nosotros—, voy a reprogramar la asamblea de mañana; esta noche me voy a Gouloux con Clementine y lo más seguro es que me quede allá todo el día. —¿Clementine Khan? —Le inquiere ella. —¡Obvio! —No me parece —replica algo contrariada—, dame un minuto, Juan.

Mostrando poca sutileza, la mujer toma al marabino del brazo, lo aleja lo suficiente como para que no les escuche y comienzan una discreta, pero obvia discusión con la que se desvanece la posibilidad de que obtenga algo de Karinna. Al verme desocupado, Pedro se acerca a decirme que René nos invitó a quedarnos en su casa, cosa que me parece una excelente idea pues así podremos revisar nuestras preocupaciones conjuntamente con él.

Notas
  1. También conocido como merengue caraqueño, merengue venezolano o música de mabil, la guasa es un género musical oriundo de la ciudad de Caracas que se caracteriza por su peculiar clave rítmica.↩︎

  2. Transmisión de mensajes en forma masiva a través del espacio apofísico.↩︎

  3. Asociación plurinectada para la ejecución de actividades productivas en el JAS Yɛlɛma.↩︎

  4. También llamados brandlords, denominación con que se refiere a quienes poseen el rol de propietarios de marca en el contexto de las actividades de branding en el JAS Yɛlɛma.↩︎

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