Lunes 22 de noviembre de 2117 ≈23:00:00 UTC
Margarita · Caracas · La Rinconada · Aksu · La Habana · Shanghái · Tokio · Popenguine · San Antonio de los Altos · Choroní
···Yo se los dije —berrea Jonathan. ···¡Coño…!, pero yo solo escuché a Harold y a Augusta decirlo; a ti, no. ···Una cosa es que tú no lo hayas escuchado, y otra que no lo haya dicho.
La irrelevante discusión que sostienen Jonathan y Gusmen responde a que luego de hora y media de revisión, hemos comprobado que el análisis de todo el ECIPA de las islas japonesas no nos va a llevar a ninguna parte.
···Era de esperarse —comenta Augusta—. Desde el momento en que desapareció Isina hasta este instante, el ECIPA público nipón ha registrado en Intermashin casi 28,45 millones de horas en audio y video; tenemos, además, 8,23 millones de horas en data de ADG sensores1, todo eso, combinado con lo que por fin nos dio la gente de Kamagasaki, es lo que el amigo Ciriaco y yo ya revisamos tres veces. ···¿Buscaron algo más que voz e imágenes coincidentes con las características fónicas y biométricas de Isina? ···No, Andrés, eso es lo único que tenemos para buscar —responde el autómata. ···Ciertamente. No se me ocurre nada mejor que hacer, y era de esperar que quien quiera que tenga a Isina haya procurado no dejar rastro en ECIPA. ···Así es —interviene Ciriaco—, de todas maneras seguiremos revisando lo que se vaya registrando en caso de que los secuestradores se descuiden o cometan algún error.
Luego de ducharse, Maya durmió por un buen rato y ahora que despertó viene a mí para actualizarse. Aunque la expresión de mi rostro es suficiente respuesta, le cuento lo que recién comentaron Augusta y Ciriaco. Ligeramente afligida, la africana me abraza por un instante, señala el sofá detrás de mí invitándome a utilizarlo, alcanza una butaca, se me sienta al frente y pregunta:2
—¿Qué más podemos hacer? —No se me ocurre nada, Maya, pero vamos a esperar a ver qué conseguimos en isla Cuba; ya Norberto y Lapo están en el puerto del Mariel. Llegaron hace como una hora. —¿Y cuál es el plan? —Están buscando gente que fabrique boyas. —Hum… Eso me parece otro long shot… —Coño, Mayita, la verdad yo… —No sigas, ya deja de sentirte culpable. Sí, es verdad que olvidaste llamar a Isina cuando iba a hacia Tokio; no estuviste pendiente, lo entiendo, pero eso no empeoró nada, ya tú estabas lejos y no hubieses podido evitar lo que pasó. Además, la secuestraron para fastidiarme la vida a mí, y ¿sabes qué?, no me siento culpable por eso; culpables son los desgraciados que se la llevaron, ni tú ni yo ni nadie más. —Tienes razón, mi negra, tenemos que abocarnos a resolver y ya. —Eso es. —Vuelve a conectarte a casa de Augusta que voy a preguntarle a Lapo y a Norberto cómo van. —Voy.
Casi en sincronía, Maya y yo nos acomodamos cada uno en donde está; yo me acuesto de largo a largo en el sofá y ella se reclina cómodamente también en la mullida butaca. No recuerdo haber utilizado mobiliario más confortable que este de Utsu.
···¿Desde cuándo no visitaba Cuba, compadre? —Le pregunto a Norberto. ···No pasaba por aquí desde hace tres décadas y pico, pero al parecer no me estaba perdiendo de nada. ···¿Y eso? ···Miseria, Juan, miseria —se adelanta Lapo a contestar. ···No tanto así —aclara el aludido—, lo que pasa es que esta niña nunca vio miseria verdadera; pero, bueno, digamos que no parece que estuviéramos en yɛlɛma aquí. ···Entonces, no todo aquí afuera es tan perfecto como ustedes lo pintan —espeta Donnie con la clara intención de manifestar su posición crítica ante el JAS Yɛlɛma. ···Bueno, el verdadero problema no es que las calles estén sucias —explica Lapo—, es que todo el mundo parece que estuviera asustado. Les hemos consultado a varios si nos pueden indicar dónde se fabrican boyas, y los que no nos evaden actúan como si no entendieran castellano. ···La atrofia relacional3 no se cura de un día para otro —dice Alfonzo—. La sociedad cubana necesita tiempo para sanar. ···Lo cierto es que le preguntamos a unos adolescentes que se veían más relajados y nos dijeron que hay una zona industrial por aquí cerca; vamos hacia allá a ver qué encontramos. —Dice Norberto. ···Y ustedes en el Carcará, ¿qué?, ¿cuánto les falta para llegar a isla Cuba? —Inquiere Yrene. ···Vamos a toda vela —responde Raúl—, a este ritmo llegamos mañana a primera hora. ···No sé cómo no los desespera viajar tan lento —desdeña Lapo. ···Tampoco es mucho lo que ganamos por llegar al final de la tarde; ya las horas pico de actividad productiva pasaron, ahora lo que viene es pachanga. —Advierte mi compadre. ···Si crees que no sirve de nada estar aquí, nos podemos ir de una vez —acota Lapo ya llegando a la referida zona industrial. ···No te desboques; no es eso hijita, vamos a visitar algunos galpones y nos vamos temprano a buscar hospedaje por esta noche —contesta Norberto. ···Les propongo algo mejor —interviene Rubén—: denme un segundo que estoy ordenando resultados… Ya casi… Ajá, lo tengo: Tjandamurra Torres. ···Explícate, hombre —exige Lapo. ···Fácil, yo no le veo sentido a que estén dando tumbos a ciegas por toda la isla buscando a unos fabricantes de boyas que quizá ni existan, y como tenemos esta maravilla llamada RCU, me pareció más sensato buscar a quién nos pueda ayudar ahí en la isla. Revisé los factores de fiabilidad4, la localización y otros detalles de quienes hacen vida allá, calculé con quiénes podemos tener más afinidad e hice tin marín entre la docena de personas resultantes, al final me quedé con el señor Tjandamurra Torres. Les digo, estos análisis casi nunca nos han fallado; les aseguro que como mínimo nos vamos a entender con él o con los siguientes de la lista si no lo encontramos. ···Déjame adivinar, Rubén —precisa Gusmen—, usaste los algoritmos de estimación de fiabilidad que diseñamos en 2113 para la torbia siciliana aquella. ···Eso es correcto, papi. ···¿Y eso nos sirve para algo? —Consulta Lapo con cierto fastidio. ···Si no lo intentamos no podemos saber; ustedes escogen, o se quedan tocando puertas a lo loco en la zona industrial, o salen de ahí y se van a hablar con este tipo, está en Guanajay. Ya les envié las coordenadas y la mejor ruta es el tranvía; pueden estar ahí en menos de media hora. ···Es decir —insiste la contrabandista sonando cada vez más harta—, vamos a llegarle a ese señor sin previo aviso a su casa, y se supone que nos va a ayudar. ···Correcto —confirma Rubén—, y no pudiste ser más precisa, debe ser sin previo aviso, que juzgue nuestra intención cara a cara. ···Esta cara de Lapo no creo que ayude —comenta el compadre—, pero no importa, yo me encargo. Explíquenme cómo se hace eso de transmitir el sentrín [sic] para ponerlo cuando estemos allá. ···Se dice senstream, imbécil —aclara Lapo. ···Ay, disculpa, calvita preciosa, el sentrín imbécil. ¡Ja, ja, ja! ···No te soporto, anciano…
Es un hecho que Lapo disfruta de sus infantiles discusiones con Norberto; siguen en eso durante la siguiente media hora, hasta que llegan a la dirección de Tjandamurra. Es una casa vieja y bien conservada. La puerta principal es una cortina antiecipa de tiras de macramé; adentro hay mucha luz artificial, el ensordecedor sonido amplificado de un trío musical haciendo guaguancó en el solar obliga a Lapo y a Norberto a hablarse espinales mediante.
···¡Qué escándalo! —espeta Lapo. ···Pero baila, pelona, ponte a bailar —invita él. ···¿Hay fiesta in da house? —Articula Donnie. ···Es más bien como una práctica —responde Norberto. ···Ensayo, se dice ensayo, animal —aclara Lapo nuevamente. ···¡Ah, coño! —corrige el compadre—, hay un ensayo animal. ¡Ja, ja, ja!
Un pianista, una bajista que parece dirigir al ensamble y un tumbador. En torno a ellos, prestando más o menos atención a lo que hacen, hay unas diez personas, tres o cuatro son niños. Todos ven a la pareja cuando entra y les resulta casi indiferente, solo Tjandamurra, el pianista, suelta su instrumento para acercarse a los recién llegados y Norberto no le da oportunidad a Lapo de iniciar la conversación.
‐··Buenas noches, amigo, estamos buscando al señor Tjandamurra. ‐··Si buscan a Tjandamurra Torres, lo acaban de encontrar. Y ustedes ¿quiénes son? ‐··Yo soy Norberto y ella es Lapo; venimos de torbia Paraguaná, estamos haciendo una investigación acá en la isla y creemos que tú puedes ayudarnos. ‐··Bueno, pero dejen que terminemos aquí, acomódense como quieran. Por ahí está circulando una botellita de ron, sírvanse con confianza.
Nadie rechaza la oferta y en pocos minutos ya mi compadre liba y conversa animadamente con algunos de los presentes. Algo incómoda por lo confianzudo de su acompañante, Lapo se hace a un lado y mira de reojo lo que sucede.
···¿Y este tipo siempre es así? —Interroga en casa de Augusta. ···Siempre; mejor fluye con él. —Respondo.
El ensayo se prolonga por más tiempo de lo que prevé Lapo y por menos de lo esperado por mi compadre. Cuando ya recogieron sus instrumentos la bajista y Tjandamurra caminan hacia él, y Lapo se apresura a acercarse.
‐··Hola, yo soy Yusimil. Mientras tocábamos nos dimos una vueltica en cipr para saber de ustedes, de ti no vimos nada —le dice la bajista a Lapo, al tiempo que estrecha su mano—, a ti, claro que te reconocemos, Norberto. ‐··Lapo tiene poco tiempo con nosotros en Paraguaná, ¿verdad, mi calvita bella? ‐··Dentro de media hora no van a soportar a este tipo, ya verán… —advierte Lapo a los músicos— Pero sí, el asunto torbí es nuevo para mí. ‐··También estamos al tanto de la situación que encaramos en sistema torbí y que ustedes alertaron —acota Tjandamurra— ¿Lo que están investigando se relaciona con eso? ‐··Sí, eso es lo que nos trajo hasta aquí —dice la flaca. ‐··Lo que sea que necesiten —ofrece Yusimil. ‐··Buscamos a alguien en la isla que pueda haber fabricado ciertos aparatos de uso marino: unas boyas motorizadas con unos anclajes magnéticos. —Explica Lapo mientras mi compadre se voltea para devolverles a los niños la pelota que acaba de golpearle el tobillo. ‐··Coño, yo de eso no sé mucho —dice Tjandamurra—, ¿y tú, Yusa? ‐··Yo menos —añade Yusimil—, pero ya sé a quién podríamos preguntarle; déjennos hacer un par de llamadas.
Yusa va hasta su bajo eléctrico y lo saca del estuche en que recién lo guardó, se sienta y se pone a hacer escalas sin conectarlo a ninguna parte, mientras tanto Tjandamurra camina en círculos cerca de ella; es obvio que están llamando juntos. Mientras tanto, Norberto se pone a jugar pelota con los muchachitos y Lapo se bebe el último chorrito de ron de la botella que ya está sola en la mesa en la que compartía el ahora disperso grupo de personas de la casa.
La flaca no le quita la vista de encima a la pareja y por su senstream vemos repetirse durante un rato gestos de frustración en sus rostros. Pero en uno de sus giros, Tjandamurra camina con paso triunfante hasta Lapo y le dice:
‐··Tenemos en línea a un fulano que puede haber fabricado eso que dicen. ‐··Averigua todo lo que puedas, sobre todo nos interesa saber para quiénes lo ha hecho recientemente.
Tjandamurra levanta un índice para indicarle a Lapo que está atendiendo a su inquietud, cabecea con cierta ansiedad mientras conversa adentro con quién sabe quién; Yusimil se acerca, le da unas palmaditas en la espalda a su compañero, se miran con cara de satisfacción y abandonan el apoespacio al unísono para explicar sus hallazgos.
‐··Yo creo que esto encaja —dice la isleña—, tiene que ser. —Norberto se percata de que ya hay algo, pero le cuesta zafarse de la muchachada que no quiere dejar de jugar con él—. ¡Dejen quieto al yuma! ¡Vayan para allá! —Exclama Yusa mientras ahuyenta a los críos.
En ese instante también nos ponemos otra vez atentos en casa de Augusta.
‐··¿Qué consiguieron? —Consulta el compadre. ‐··Llamamos a varios amigos y ellos a su vez hicieron otras llamadas —responde la bajista—. Por uno de esos terceros dimos con un gringo llamado Tim Janssen de un corpus llamado Sofar Ocean que tiene sucursales aquí en la isla; nos dice que no han hecho ninguna boya como la que ustedes describen, pero que varias veces le han despachado unos pedidos especiales a un grupo de clientes más o menos fijo, y según él esas piezas en conjunto servirían para ensamblar algo como la boya que ustedes buscan. ‐··Si son varios clientes, se nos alarga el asunto… —Objeta Lapo. ‐··Bueno, pero seguimos en RCU los registros de esas operaciones —continúa el pianista—, la mayoría de los intercambios los hizo un tal Miguel Pérez en torbia Playa, y ese señor tiene relaciones con casi todos los demás adquirientes; es un contacto común a todos. ‐··Interesante… —Murmura Norberto. ‐··Y hay algo más: ese sector de torbia Playa está habitado principalmente por palinarquistas. En su comunicado ustedes apuntaron a ellos como un grupo de interés, por eso nos parece que Miguel está como para investigarlo. ‐··¿Te refieres a visitar el lugar donde vive? —Inquiere Lapo— ¿No podemos simplemente seguir indagando en RCU y en el resto del apoespacio? ‐··Ya llegamos hasta donde se puede llegar por estos medios —replica Yusa—, pero es su decisión ir o no; yo solo hago una sugerencia, que es lo que vinieron a buscar a nuestra casa, pues. ‐··Amiga Yusimil, me disculpo en nombre de la malagradecida calva —interviene Norberto notando el disgusto de la isleña—. Sepan que todo el equipo se está enterando por sentrín [sic] de lo que hacen por nosotros, y todos, menos esta loca, nos estamos babeando de agradecimiento por la ayuda que nos están brindando. ···Que entren a casa de Augusta de una vez. — Propone Nara desde el Carcará. ···¿Alguien se opone? —Consulta Carlos.
Y nadie se opone, acto seguido, y luego de unos segundos de trámites técnicos, varios en casa de Augusta nos ocupamos de dejarle saber a la pareja cubana cuán agradecidos estamos por la valiosa información que recolectaron para nosotros.
···Bien, como comentábamos, Yusa y yo creemos que lo prudente es ir a torbia Playa a indagar personalmente. Ya ustedes deben saber que los palinarquistas suelen utilizar nombres alternos en RCU, dizque para verse menos yɛlɛma. ···Está bien, está bien. Tienen razón, pues. —Rezonga Lapo. ···Perfecto —contesta la bajista—, tenemos la dirección de entrega; nos vamos para allá a ver si Miguel Pérez es realmente un Miguel Pérez o si es alguien más.
El tono de Yusimil deja ver que ya entiende las peculiaridades de Lapo y que por tanto bien sabrá llevarla.
···¿Cuándo sugieren que hagamos eso? ¿A primera hora de la mañana? —Consulta Norberto. ···Yo lo hiciera en este instante —responde Torres—, un vecino acá cerca tiene una caballeriza. Si salimos ahora mismo y tomamos la ruta equina hasta La Habana llegamos en menos de hora y media. ···Pasa el registro de la caballeriza para ir pagando —solicita Norberto—. Cuatro jamelgos, ¿no? ···Je, je, je… —Ríe Yusimil—, ya vas a ver los jamelgos del vecino… Sí, somos cuatro, a menos que la señorita no sepa montar… ···Bien bueno, pues —replica Lapo—, ahora todos son graciositos…
Los jamelgos resultan ser unas imponentes bestias de raza árabe, capaces de mantener una velocidad promedio de cincuenta kilómetros por hora sin mayor esfuerzo, claro está, las ideales condiciones de la pista equina perfectamente señalizada e iluminada ayudan mucho con la cabalgata nocturna.
···Compadre —me dice Norberto desde el lomo de su montura un rato después—, apenas llegué a Paraguaná levanto una prodevo para ver si montamos caballerizas y rutas equinas por la península; esto está bien bueno. ···Yo le voto a favor, compadre. ···Ya deberíamos parar —recomienda Tjandamurra—, estamos cerca.
El hombrillo de la ruta equina tiene al menos un abrevadero por kilómetro. Uno de ellos llega casi junto con las palabras de Tjandamurra y es ahí dónde los jinetes se detienen.
···La dirección donde reside Miguel es en ese conjunto residencial. No es lejos, después de que pasemos ese puentecito son como quinientos metros. —Dice Yusimil señalando al sector de edificios que se levanta frente a ellos.
Después de pasar el pequeño puente sobre el río Jaimanitas y caminar medio kilómetro, el cuarteto llega a las adyacencias de un pequeño edificio de cuatro pisos cuya entrada principal está justo en la esquina donde se cruzan las calles A1 y 3R, al menos eso dice el street guide overlay que combino con el senstream de Norberto para ubicarme. Se trata de un sector particularmente concurrido, pese a que ya casi es medianoche, cosa que resulta por de más conveniente a nuestros fines.
···Es ahí, en ese apartamento de la planta baja —indica Yusimil señalando discretamente una ventana del edificio mientras caminan casualmente por la acera de enfrente. ···¿Y ahora qué hacemos? —Interroga Lapo— ¿Nos metemos y encaramos al tipo? Yo no veo que esto vaya a funcionar.
Algo a un lado de la entrada principal del edificio llama la atención de Norberto y se separa del grupo para acercarse a ver.
···Miren esto.
El compa fija su mirada en una vetusta placa que cuelga a un lado del portón y, senstream mediante, todos en casa de Augusta alcanzamos a leer lo que dice.
EDIF 31/A1+3R
«Esta edificación ocupa el espacio donde otrora se localizara la humilde residencia del doctor Fidel Alejandro Castro Ruz, líder histórico de la Revolución cubana, soldado revolucionario y de las ideas, nuestro eterno Comandante en Jefe»
La primera en reaccionar es Yusimil:
···¡Alabado!, pero por supuesto, chico, tantas décadas pasaron que no hice la relación ¡Todo esto era Punto Cero! ···¿Qué cosa? —Pregunta Tjandamurra. ···Es que cuando tú te viniste de Mamadawerre ya estos edificios estaban aquí, pero anteriormente había mucho verde y unas casas lindas; en una de ellas vivió Fidel hasta sus últimos días. ···Ahora entiendo por qué a los palinarquistas les gusta tanto torbia Playa —deduce Torres—. Lo gracioso es que alguna vez me pregunté por qué a esto se le llama urbanización PC, pero no llegué a indagarlo. ···Claro… Punto Cero… Ay, pero qué loca yo, chico —continúa Yusa—, nunca jamás hice esa relación. ···Mejor vamos circulando, ¿no? —Sugiere Lapo. ···Deja los nervios, pelona, que con este gentío en la calle pasamos inadvertidos. —Opone Norberto. ···No se fíen —aconseja Resurrección—, los veo muy risueños y despreocupados allá; recuerden con quién se está tratando. ···El único risueño es el idiota este —espeta Lapo refiriéndose a Norberto. ···¿Y con quién estamos tratando? ¿Hay algo que debamos saber? —Pregunta Tjandamurra. ···Sí, pero entérate fuera de aquí, allá adelante, vámonos —insiste Lapo—. ¿Y eso ahí es un parque?
Lo que la flaca señala es una área verde que ocupa la cuadra diagonal a la del edificio 31, al parecer se está preparando una feria o algo así. Hay bastantes personas desplegando sus puestos portátiles de mercado.
···Como que sí, vamos a mimetizarnos allá —sugiere Tjandamurra. ···Bien, mientras tanto yo les resumo lo que no saben.
Esta vez es Ilych quien asume la tarea de poner al día a los recién llegados, da cuenta de Griffin, de los ataques con aposesos y revela a nuestros nuevos acompañantes los principales detalles sobre la conflagración que aún no se han hecho públicos. Finalizado el recuento, Yusa toma la palabra.
···Está complicado el asunto, vamos a ver cómo resolvemos sin salir perjudicados. ···Para que sepan, lo que se está montando en el parquecito este es un punto de contacto de la Feria Continental del Tabaco —explica Lapo—, al menos eso dicen los bokodes públicos. ···Ah, sí, esto arranca hoy simultáneamente en varias regiones americanas, ciertamente —confirma Yusa. ···Y estamos bien ubicados, desde aquí se ve la entrada del edificio y hasta las ventanas del apartamento de Miguel —dice Tjandamurra desde el banco en que acaba de tomar asiento. Creo que este es en un buen punto de observación. ···Vaya, y a estos tabaqueros no parece que les incomode que nos mezclemos con ellos —añade Yusimil. ···Mi pregunta de hace un rato no era retórica —insiste Lapo—. ¿Y ahora qué hacemos? ···Primero que nada deberíamos hacer algo para verle la cara al tipo —propone Jonathan. ···Sí, para saber quién es realmente —agrega Yusimil. ···Ay, bueno, está bien, yo voy —se ofrece Lapo—, total, parece que hay gente despierta en ese apartamento. ···¡No, no, no! ¡¿Qué vas a hacer?! —Exclama Carlos—, ya Griffin sabe quién eres tú, si tiene aposesos o cámaras en ese apartamento nos ponemos en evidencia. ···Es verdad, cálmate, muchacha —apoya Pedro. ···Tengo una idea; denme un minuto, ya vuelvo —dice la bajista rascándose la barbilla.
Lo que hace la isleña es dirigirse hacia el puesto de uno de los corpus expositores. Me parece que su criterio de selección es muy simple: ya está instalado, ya tiene productos exhibidos y está cerca.
‐··Hola, buenas noches. ¿Ya están abiertos a intercambios? ‐··¡Hola!, sí, por supuesto —responde el muchacho del corpus tabacalero—. ¿Qué se te ofrece? ‐··Dos cosas: la primera, ¿estos son Davidoff 66 años? ‐··Así es, amiga mía. ‐··¿Y me puedes ayudar a encontrar unos Montecristo 2040? ‐··Faltaba más, los amigos de ese corpus están cerca. ‐··La caja es de veinticinco, ¿verdad? ‐··Sí. ‐··Entonces, voy a querer diez cajas de cada uno, veinte en total. ‐··Perfecto, estoy hablando con la gente de Montecristo; ya viene alguien con las otras cajas. ‐··Ajá, ya te transfiero los palos. Segunda cosa… ‐··Ah, creí que las dos cosas eran los dos lotes, ¡ja, ja, ja! ‐··No, no, la segunda cosa es que durante los días de la feria me gustaría obsequiar muestras de lo que ustedes nos han traído a los vecinos del sector, para eso quiero estas delicias que me estás despachando. ‐··¡Ah! ¿Vives por acá? ‐··Sí, claro, y tengo muy buenos vecinos; no está de más tenerles una atención. ‐··Te entiendo. ‐··Y bueno, el problema es que tengo que irme a buscar un bichoznito en Mariel, pero me gustaría empezar la distribución desde ya, son muchos. ¿Crees que alguien de entre ustedes pueda ayudarme? ‐··Pues, mira, si es por acá cerca, ya yo no tengo mucho que hacer hasta mañana; te puedo apoyar un poco. ‐··Ay, bueno, pero no quiero molestarte. Hagamos algo: ayúdame con un edificio nada más, y ya cuando vuelva yo continúo, ¿te parece? ‐··Faltaba más. ‐··Qué bello eres. No me despaches aún; deja todo por acá y yo lo retiro luego, toma mi path para que me des tu senstream mientras entregas. Me hace ilusión ver cómo los vecinos reciben el obsequio, porque quiero que sea algo anónimo; puedes decir que van de parte de un buen amigo del sector y ya. ‐··Excelente, ¿por dónde comienzo?
Obviamente, Yusimil señala el edificio 31 y le pide al muchacho que comience desde abajo. Unos diez minutos más tarde, retransmite el senstream del joven a casa de Augusta y presenciamos el momento cuando llega a la puerta de Miguel, un entamborado batiente sin cerrojo en que golpetea un shave-and-a-haircut para anunciarse. Desde adentro responde una voz masculina:
‐··Adelante.
El muchacho pasa; dentro del apartamento solo se ve a un par de tipos sin camisa y ligeramente panzones tirados en un mismo mueble. La mirada perdida en ambos nos deja saber que están entretenidos en el apoespacio, pero cuando ven al joven extendiendo su mano para entregarles un par de Davidoff, regresan a tierra.
‐··Cosa más grande, tú —dice el primero dándole un codazo al segundo. ‐··Literal —responde el segundo. ‐··Muy buenas noches, amigos —saluda el joven—, un buen vecino que prefiere permanecer anónimo les envía esto.
Después de un breve intercambio verbal, el muchacho sale del apartamento, cortamos su senstream cuando vemos que todo está bien con él y rompemos el silencio en casa de Augusta.
···Jackson Almenares, el primero; Mauro Díaz-Canel, el segundo —informa Made con los resultados del reconocimiento facial— ¿Alguien los conoce? ···Esos apellidos me suenan como del último estrato dirigente —responde Yusimil—, pero no conozco a ninguno de los dos en particular; estoy indagando un poco más, a ver. ···Si es así, son muy de los grupos de interés —comenta Torkins. ···Coincido —dice Harold—, y si son palinarquistas duros5 quiere decir que vamos por buen camino; o sea, la pista es buena.
Palinarquistas duros… Llama un poco mi atención este comentario del calvo. Resulta que, de todo el grupo, únicamente él y Gusmen se sintieron verdaderamente cómodos siendo ultratenientes en el mundo preyɛlɛma; lo hicieron durante décadas, pero modestamente, nunca fueron pesos pesado de los estratos dirigentes ni mucho menos. Casi todos los demás fuimos ultracedentes; e incluso, yo lo fui directamente de Harold. Los otros de entre nosotros que también fueron ultratenientes no llegaron nunca a sentirse cómodos ejerciendo dicho rol: no lo asumieron, no lo interiorizaron ni lo justificaron jamás. Por eso me resulta curioso este manejo verbal de Harold, porque él regularmente se abstiene de tocar asuntos relativos a la ultratenencia y evade el asunto cuando se debate. Es como que temiera que le saquemos en cara su pasado, temor por demás infundado, aquella forma de relacionarnos jamás afectó el cercano nexo amistoso entre nosotros y nunca lo hará. Puede ser que el calvo, por fin, ya esté comprendiendo que nadie le reprocha nada.
···No parece que hubiese nadie más ahí dentro, ¿verdad? —Presume el Pelúo. ···No parece —agrega Lapo—, pero puede haber gente en las habitaciones. ···Es casi seguro que esos dos sean aposesos de Griffin, quizá durmientes. ¿Van a regresar a ver qué les sacamos? —Consulta Jonathan. ···No podemos ser tan evidentes, hermano —replica Gusmen—. No estamos tratando con mentes inocentes como la tuya. ···Primero, no es contigo, hermano; segundo, confrontar a los aposesos dio buenos resultados en Tokio —replica Jonathan. ···Coincido con Gusmen —dice Lapo—. No podemos meternos con ellos así no más. ···Confirmado —interviene Yusa—. Almenares desciende de militares de alto rango y Díaz-Canel es de una familia presidencial. ···Yo creo que sería bueno poder echarle una revisada a ese apartamento —propone Tjandamurra—. Los palinarquistas tienen debilidad por la memorabilia de los Estados, lo que sea que guarden podría ayudar a seguirles la pista. ···Yo también pienso que tenemos que revisar ese apartamento —apoya el compadre. ···No creo que eso ayude en nada —comento—, no les veo pinta de mantener nada importante fuera del apoespacio; pero, bueno, tampoco se me ocurre nada mejor. ···Para entrar a revisar tendríamos que esperar a que salgan —añade Yusimil—, y no tienen pinta de que salgan muy seguido. ···Podríamos hacerlos salir —dice Yrene. ···¿Bombas de humo? —Articula Carlos sarcásticamente. ···Ji, ji, pensaba en algo más sutil amigo —responde ella entre risas. ···Ese par debe ganarse la vida haciendo alguna cosa en el apoespacio —acota Andrés—. Si esperamos nos podrimos en ello; tenemos que hacerlos salir. ···Le podemos decir al muchacho que los invite a la feria —propone Lapo—, y si salen entramos en ese momento. ···Así es muy riesgoso —objeta Dumas—, estarían demasiado cerca. ···Aquí Raúl tiene una idea, pero le da pena intervenir —dice Nara desde el Carcará—, y ya le dije que no voy a ser su vocera. ···Habla, malvado loco —invita Yuca al marinero. ···Aquí no comemos gente, amigo mío —alerta Augusta. ···Bueno, bueno, es que no estoy tan seguro de que mi idea aplique —detalla por fin Raúl—, lo que pasa es que yo tengo familiares y amigos palinarquistas, y si hay algo que les atrae son los debates en los que se confrontan los de izquierda con los de derecha. ···¿Zurdos contra diestros? —Pregunta Mikiko algo confundida— No entiendo. ···No, piba —aclara Gisela—, los pelotudos que gobiernan Estados asumen posiciones entre esos supuestos polos, pero como no hay diferencias de fondo entre lo uno y lo otro, los debates de estos forros son lo más inútil que te podás imaginar. ···Esos polos son el mismo musiú con diferente cachimbo —complementa la Petisa. ···Sí, Mikiko —interviene Jonathan—, pero esa división ideológica tiene su origen, es que luego de la Revolución Francesa ocurrió que… ···No, no, no —interrumpe Yrene—, la clase de historia para luego, cariño mío. ···Temo que coincido con ella —agrega Augusta. ···¡Dejen hablar a Raúl, por favor! —Exige Yuca. ···Gracias, —retoma el marinero—, a ver… Lo que estaba pensando es que les podemos hacer creer que en algún sitio cercano, pero no tanto, se está llevando a cabo un debate de esos, yo creo que eso los haría salir, y bueno, para cuando se enteren de que era mentira ya habríamos revisado el apartamento. ···Je, je… Me estás inspirando, Raúl… —susurra el Pelúo con un dejo de picardía. ···A mí me parece bien, debemos alinearnos en varias estrategias para hacerlos salir —propone Pedro como tratando de concretar—, y aprovechamos lo primero que se dé. ···Nos estamos concentrando mucho en revisar ese apartamento —insisto—, pero yo no veo qué beneficio nos produce eso; me parece que lo que corresponde es hacer más ingeniería social con el par ese. ···Entonces, el amigo Andrés y yo los podemos complacer a todos —subraya Mikiko ya desde su apartamento en Tokio. Creo que se fue para allá a confrontar sus temores. ···Así es, mi gente —sigue Andrés mismo—. La idea de Raúl me pareció excelente, y en privado la conversé con Mikiko para mejorarla; tenemos un plan. ···¡Digan lo que tienen, pues! —Exige Rubén. ···Ajá, podemos hacer eso que dice Raúl, pero sin la parte en que los tipos se dan cuenta de que era un engaño; es decir, podemos convocar a un evento palinarquista que los atraiga, pero algo que se lleve a cabo en verdad. De ese modo contaremos con más tiempo y no levantaremos sospechas, los tipos nunca sabrán lo que realmente pasó. ···¿Y cómo sería eso? —Indaga Michelle. ···No es complicado —explica Mikiko—, ya estamos estudiando los lugares en que se reúne y socializa esta gente. Si ponemos en las redes sociales una invitación a debatir algo lo suficientemente polémico para ellos en un sitio de esos, seguramente se apersonan y se arma la discusión. ···Es verdad…, ja, ja, ja… —Ríe Jonathan—, se me ocurren unas ideas que… ja, ja… ···Percibo que la posible ejecución de ese plan les genera alguna forma de placer morboso —dice Ciriaco— o ¿me equivoco? ···Estás aprendiendo, colega —confirma Augusta a su homónimo—; la sola idea de lograr manipular y engañar a un conjunto de palinarquistas parece excitar a algunos de los presentes. Es buen momento para tomarnos unos minutos y reflexionar en torno a cuán éticas son nuestras acciones. ···Cállate —exhorta René. ···Para no ser tan obvios, se me ocurre convocar a un homenaje, no sé, a los Castro y a los Bush, por ejemplo —propone Andrés. ···¡Ja, ja, ja! —Suelta Jonathan su risotada—, esa es buena, todos se van a ofender por poner el uno al nivel del otro. ···Analicé los lugares más concurridos y con más likes palinarquistas —comenta Mikiko—, el bar Fiesta de marina Hemingway parece el lugar ideal para el encuentro.
Torkins no da muchas vueltas y le pone nombre al evento.
···Es así: Kim, Thatcher, Castro, Kennedy, Aznar y Bush, líderes perfectos, vidas ejemplares, ven a honrarlos y a brindar por ellos junto con nosotros. ···¡Ja, ja, ja! ¡No, no! —Carcajea Dumas— ¡Se van a desgreñar! ¡Ja, ja, ja! ···Coño, buena esa, en verdad —apoyo a mi selector amigo—, cada uno de esos personajes desata pasiones locas entre los palinarquistas, tanto de adoración como de odio, se puede armar un desnalgue. ¡Ay, mamá! ···Incluso, muchos se van a endemoniar solamente por ver que se ponga a Aznar al nivel de los otros —agrega Tjandamurra. ···Yo creo que pueden ocasionar una tragedia —advierte Augusta—; se están yendo a los extremos. ···Ay, por favor, no exageres maquinita —desestima Yrene—. Es solo uno de esos tontos debates ideológicos, no se van a matar por eso. ···Listo, pues —zanja Andrés—, ya publiqué la convocatoria para mediodía, les voy contando cómo se mueve en redes sociales. Mikiko le está dando difusión extra para garantizar que le llegue a quienes nos interesa, y entre los dos estamos troleando para que los ánimos se vayan caldeando de una vez. ···Eres lo máximo, Andrés —dice Carlos. ···A mí no me estés piropeando; mantente a raya, pedazo de… ···¡Basta! —Corta Augusta.
Notas
Recuérdese que ECIPA es la suma de la totalidad de los ADG (Autonomous Data Gatherers) dispersos en el entorno, contrario a la creencia popular, los ADG no solo se restringen a la captura de audio y video, los hay también con otros tipos de sensores, entre ellos, de temperatura, de aromas, de presión atmosférica, de desplazamiento, de distancia, de inclinación, de posición global, de movimiento, de proximidad, de velocidad, de luz infrarroja, de luz ultravioleta y muchos más.↩︎
Traducción de la conversación original en inglés.↩︎
Síndrome de Atrofia Relacional: ausencia o disminución de la capacidad para establecer relaciones directas de convivencia, interdependencia y mancomunidad con otras personas. Es una condición común entre los habitantes de las instancias del JAS Estado debido a que solo conocen relaciones verticales de dependencia.↩︎
El factor de fiabilidad de un integrante del Ámbito Global, única instancia del JAS Yɛlɛma, es un indicador que deriva de ponderar los factores especulativo, de conflictividad y de participación de la misma persona. Si bien se trata de un indicador insuficiente y no concluyente, de regular arroja luces sobre la solvencia profesional de un ejecutante de actividades productivas en yɛlɛma.↩︎
Se llama duros a los palinarquistas que alguna vez ejercieron roles de alto nivel entre las clases dirigentes de cualquier instancia de Estado y saborearon las mieles del poder. En contraposición, son palinarquistas blandos aquellos que abrazan la ideología y la causa, pero nunca llegaron a ejercer roles como autoridad de Estado ni han ejecutado actividades antirrepulsa o de hominería a gran escala.↩︎