Primera conflagración discreta

Domingo 14 de noviembre de 2117 ≈20:00:00 UTC

mar Caribe · islas Caimán

Es bien sabroso viajar en el Carcará; el poco espacio para estar es cómodo pero, sobre todo, Raúl, Ilych y Nara son buena gente, y siempre brindan conversaciones de las más interesantes; si hay algo que no falla es que siempre aprendo algo viajando con ellos.

Según lo acordado, zarpamos a las 16:00hrs; navegamos durante el resto de la tarde, la noche entera y casi toda la mañana.

—Ya se puede decir que estamos en Half Moon Bay —me dice Raúl mientras señala la costa que poco a poco se acerca. —Voy a llamar a Lapo, entonces. —Dale, nos detenemos por aquí hasta que ella te dé un punto de encuentro específico. —Raúl se va a lo suyo y procedo con la llamada. ···Hola, Lapo, buen día, ya estamos en tu bahía. ···Describe tu nave, torbí. ···Un catamarán blanco con… ···No tienes que hablar tanto, ya los vi. Dame un par de minutos.

Lapo cierra la llamada, muy a su estilo; busco a Aurelia y subimos los huacales de datos a cubierta.

—Bueno, hasta aquí nos trajo el río —dice la marinera, mientras nos abraza—, avisen si necesitan el viaje de regreso, que nosotros los buscamos donde decida dejarlos la amiga. —¡Coño! —Exclama Ilych, al tiempo que mira por sobre mi hombro—, tenía años sin ver una nave de esas.

Al voltear veo la peculiar embarcación que impresiona al marinero: una cosa negra y opaca que parece el híbrido entre un mango y un submarino: si sobresale un metro y medio de la superficie del agua es mucho; inmediatamente caigo en cuenta de que nunca antes había visto un yate bala.

—Y esa me supongo que es Lapo —señala mi compañera refiriéndose a la elongada y rapada figura femenina cuyo lenguaje corporal, sin lugar a dudas, expresa ¡muévanse, coño!

Luego de pasar los huacales de una cubierta a la otra, Lapo nos hace detener por un instante en el Carcará; supongo que valida la variación en peso de su nave. Habiendo comprobado que la cantidad de fruta es la correcta, nos apura a abordar.

Entre los tres bajamos los huacales hasta la pequeña cava en el área de carga. Una vez finalizada esta tarea, la calvita se me acerca y me da un desconcertante abrazo; en ese instante evidencio que es más alta de lo que había percibido, tiene varios centímetros más que yo. Me suelta y de inmediato va por Aurelia y también le da un brevísimo apretón; la Petisa, por un instante acurrucada en el extremo inferior de su esternón, destaca más aún la estatura de la mujer.

—¿Ninguno de los dos usa espinal? —Inquiere. Resulta que los abrazos no fueron una manifestación de afecto; de alguna manera nos estaba escaneando en busca de terminales espinales. —No, ninguno de los dos —responde Aurelia. —Bueno, denme sus IAD1 y sus MCDec2. —No —Resiste mi compañera en forma tajante. —Entonces, se largan; todos en mi nave hacen silencio comunicacional, excepto yo, por supuesto.

El pedimento de Lapo es un capricho absurdo, tanto como el afán de Pedro y René por utilizar un enlace seguro cuando llamamos a Carlos. Supongo que ninguno estuvo cuando explicaron que los enlaces comunicacionales en Intermashin se realizan mediante entrelazamiento cuántico, no hay ondas de radio ni nada parecido viajando por ahí que pueda ser interceptado, pero ya entiendo que discutir eso con cualquiera de ellos es una pérdida de tiempo.

—Al menos, déjanos avisar que vamos a estar incomunicados por unas horas —le solicito. —¿Horas?, ja, será días. —¿Ah, sí? —Pregunta Aurelia. —Miren, torbíes —responde Lapo ya sonando tensa—, les doy diez minutos y luego me los entregan. —Será —acoto, al tiempo que intento darle la espalda para concluir la discusión. —No he terminado de hablar —continúa—. Esta es la situación: yo no paso de día por el golfo de México, por eso salimos de aquí a las 18:00hrs; esta nave, en modo stealth, va relajada a 100 nudos. Si no se presenta ningún inconveniente estaremos en nuestro destino mañana a las 05:00hrs. Para mí sería ideal que se durmieran ahora mismo y despertaran dentro de 16 horas en Beaumont, pero como sé que eso no es posible, les pido que por favor actúen como si lo fuera. —Quién quita y te complazco. —Accedo.

Durante el tiempo que nos concede Lapo configuramos respuestas automáticas, avisamos en casa de Augusta que estaremos fuera de línea y le pedimos a la autómata que prepare un resumen de lo que se converse durante nuestra ausencia y nos lo dé al regresar. Poco antes de entregar los aparatos, Aurelia tiquea:

···Depravado, pudiste avisarme que era así de simpática. ···Es que pensé que eran ideas mías y no quise predisponerte. ···Por supuesto; gracioso, muy gracioso.

Lapo recibe los dispositivos, los guarda en un bolsillo interno de su sobretodo y nos dice:

—Dispongan de este camarote; en ese thinscreen están los 38.000 capítulos de DOOL3; ahí tienen el baño y en aquellos gabinetes hay agua y otras bebidas. Si necesitan algo más, traten de que no me entere. —Yo me preguntaba por qué operabas sola —digo con tono reflexivo—, pero ya no. —No te quejes, torbí, me estás conociendo de muy buen ánimo.

Dicho lo anterior, Lapo da media vuelta y se retira supongo que a la cabina del timón. La Petisa y yo conversamos durante un par de horas más, hasta el momento en que caigo dormido.

Notas
  1. Intraear Audio Device, pequeño anillo que inserto en el canal auditivo sirve como micrófono y como audífono en un TDk.↩︎

  2. Decodificador de Contracciones Musculares, aro del grosor de una hebra de cabello que se coloca en el antebrazo para decodificar tiqs. Todo TDk se compone de uno o dos MCDec, uno o dos IAD y uno o dos MP (proyectores maculares).↩︎

  3. Days of Our Lives, serie de televisión conusiense.↩︎

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