Sábado 13 de noviembre de 2117 ≈00:45:00 UTC
Borgoña · Choroní · Estambul
René dista de ser un ingeniero ordenado, al menos eso es lo que evidencia su garaje convertido en taller de nanobótica; parece que hubiesen saqueado el lugar. Pero intuyo que se trata del tipo de desorden en que el perpetrador sabe con exactitud dónde está cada cosa.
Me recuesto en el pequeño sofá que está a lo largo de lo que fue el portón de acceso de vehículos; Pedro se acomoda en una mecedora de madera que parece estar a punto de desarmarse, y nuestro anfitrión hace espacio en una mesa repleta de herramientas para sentarse ahí.
‐··Hagamos algo: cada uno pásele un path virgen a la SCApp —propone René—, y tú, Augusta, crea una apoconferencia con esos paths; llama a Andrés usando otra dirección virgen, y cuando lo tengas le dices que se conecte del modo más seguro posible. ···Hecho —Nos contesta el autómata a los tres.
Yo sigo pensando que exageran, pero como soy minoría me quedo callado. Transcurridos unos segundos, recibimos la llamada de Andrés.
···¿Y esto qué es? ¿Una apoconferencia para recordar viejos tiempos? ¿Cómo están, muchachos?
Me resulta muy grato escuchar su nasal voz; hace un buen tiempo que no hablo con él.
‐··Hola, Andresito —saluda Pedro— ¿Es seguro tu enlace? ···Por mi parte lo es, pero no respondo por ustedes, hermano. ‐··Dejen ya la paranoia —no me contengo. ···Bueno, díganme a qué debo el placer de su llamada; dadas las medidas de seguridad, no creo que sea solo para saludarme. ‐··Claro que no —confirma Pedro—. Queremos pedirte que nos conectes con Carlos usando la maña que más seguridad nos garantice, y te quedas en la apoconferencia con nosotros. ···Voy —accede el Pelúo—, eh… y ¿Carlos sigue siendo…? ¿Sigue con el tipo ese? ‐··No es el tipo —aclara Pedro—, se llama Herbert, respeta. ‐··Los años pasan, pero la homofobia queda —murmura René. ‐··Verdad, Andrés, supéralo. Llama y ya —digo para apurarlo. ···Hermano, no es homofobia, es que… Me molesta… A Carlos yo lo aprecio, pero… ¿Cómo se va a poner en eso después de viejo? Él tiene hijas y… ‐··¡Ya! ¡El enlace, Andrés! —Le grita René. ‐··Ajá, ajá… Aquí está, ¡epa!, Carlos, saluda a los muchachos. ···¡Perrines! ¿Qué celebramos? ¿Pero puro audio? ¡Pongámosle video o senstreams1 a esto! ···Trae las moscas2, Augusta —ordena nuestro anfitrión.
El autómata conecta a la apoconferencia un par de moscas que de inmediato comienzan a capturar y transmitir video desde distintos ángulos del garaje, Carlos por su parte le añade su RECFU3 al canal; mientras que Andrés se restringe a transmitir audio, es el único a quien no vemos.
‐··Ni te pregunto cómo está el club, Carlos; la escena habla por sí sola.
La escena a que se refiere René es la considerable cantidad de gente que vemos detrás de Carlos, a través de la ventana panorámica que da a la pista de baile del club Estambul es así, pequeño corpus al que nuestro amigo pertenece desde hace un buen tiempo.
···Ajá, así sí provoca conversar, viéndose la cara —dice el Perrín—, todo bien aquí, René; gracias a Dios la gente sigue viniendo a bailar o a pegar brincos, ya yo ni sé diferenciar lo que hacen. Pero díganme, esto no parece una llamada social, están muy serios, ¿qué pasó?, ¿cuál es el chisme? ‐··El chisme lo vas a contar tú —le acoto—. Cuéntanos otra vez aquello que viste ahí en el club, lo que pasó con una noruega, ¿recuerdas? ···Coño, no sé de qué me hablas, Juan. ‐··Haz memoria. Hace unos meses llamaste para finiquitar lo de unas paletas de melones que te íbamos a mandar y, entre una cosa y otra, nos comentaste que… ···¡Ah, claro! Ya recuerdo, pero eso no fue aquí en el club, esa vez yo estaba comiendo en el islote Kuruçeşme. ¿Qué pasa con eso? ‐··Cuéntale a René lo que pasó —increpa Pedro. ···Nada, que estaba en el comedero de unos conocidos en el islote y al lado mío estaba un grupo de rubios que de súbito comenzó a reclamar porque no les advirtieron que la comida ahí contenía basura torbí; con la misma se levantaron y se fueron, echando pestes y maldiciendo. ‐··Y nos dijiste que se hacían llamar de una manera —complemento. ···Bueno, mis amigos les dicen røkkesen, pero no sé qué es eso. ¿Por qué? ¿Qué pasa? ‐··Fíjate —comento—, aquello lo vimos como un simple capricho y no pasamos de reírnos, pero resulta que las relaciones entre el norte de Europa y el Sistema Torbí no están bien. Ahora creemos que esos røkkesen tienen algo que ver con los problemas que se han presentado. ‐··Bueno, pero no los pueden obligar a que coman solo de lo que ustedes producen —nos dice René. ‐··Sí, pero no es solo eso —añade Pedro al tiempo que se levanta de la mecedora forzando el reposicionamiento de las moscas—. Tienes que ver el asunto en su más amplio contexto. ···No hablen tanto —interrumpe Andrés—, estoy cruzando algo de data en RCU y les puede interesar lo que encontré. El último envío de melones a Carlos se concretó hace poco más de siete meses; en esos mismos días hay registros que evidencian la presencia de tres personas del norte europeo en el islote ese de Estambul. ···En efecto, eran tres —confirma el Perrín—: dos tipos y una mujer, bellísima, por cierto. ···Se va a cambiar otra vez —masculla el Pelúo antes de proseguir—. Bueno, sí, eso es lo que tengo, una tal Åsa Österlund y dos tipos, Peter Crombie y Kennet Kamprad. Todos tres son pichones de marcateniente; fue relativamente fácil encontrarlos. Tienen bastante actividad en redes sociales. ‐··Ese Kennet es hijo de Dag, lo he visto por aquí —complementa René. ···¿Dag «Spaka» Kamprad? ¿El célebre? —Inquiere Carlos. ‐··Ese mismo —respondo—, amigo íntimo de René. ‐··Deja los celos, Juan —dice el aludido con tono risueño.
La conversación se ve interrumpida cuando la simpática Leinny se hace notar a viva voz desde la puerta del garaje.
—¡Pero, Dios mío! ¡Tengo el garaje lleno de caraqueños! ‐··Llegaste, esposa. ···El René, tan efusivo como siempre —comenta Carlos en tono sarcástico—. Conéctala a la apoconferencia para saludarla. ‐··Augusta… ···Listo —responde el diligente autómata. ‐··¡Pero mira quiénes están aquí también! ¡Hola, Andresito! ¡Hola, Carlos! ¡Qué lindo! —Saluda Leinny a los ausentes, mientras nos abraza a los presentes— ¿Se trajeron la fiesta para la casa? ‐··Ahora te cuento, cónyuge mía —le dice René—. Apenas yo entienda qué demonios es lo que sucede, te cuento. ‐··Bueno, yo voy a terminar de llegar, ¿se quedan, muchachos? —Consulta nuestra anfitriona, que de inmediato recibe cabeceos de afirmación por parte de ambos. ‐··Perfecto, si necesitan cualquier cosa me avisan o, bueno, le dicen a René. No creo que dure mucho despierta, es más de media noche y ya estoy molida. Ya mi esposito me pondrá al tanto de lo que sea que estén tramando. ¡Chao!
La dueña de casa sale del recinto mientras agita su mano a modo de despedida.
‐··Que bella es tu mujer, amigo. Ajá, ¿dónde quedamos? —Pregunto. ‐··Bueno —responde Pedro—, ya sabemos que los røkkesen esos tienen una fuerte aversión hacia el Sistema Torbí, de eso no hay duda. ‐··La causa —añado—; tenemos que averiguar cuál es la causa de eso, la motivación, quizá se trate de algún malentendido. ···Mi Herbie y yo tenemos conocidos en bastantes clubes, casi todos en Asia y Europa; voy a hacer un tanteo en estos círculos a ver qué escucho de la relación entre los røkkesen y ustedes. —Ofrece Carlos. ···Yo voy a seguir hurgando en el apoespacio; ya puse un par de SCApps en eso —complementa Andrés. ‐··Me conmueve contar con tan solidarios amigos —otro sarcasmo de René—. Yo lamento no tener nada que ofrecer. ‐··Al contrario, ilustre ingeniero —acoto—, claro que tienes quehaceres; ayúdanos a cuadrar una entrevista con el marcateniente, a ver qué le podemos sacar. ‐··Buena idea —dice Pedro, aprobando mi propuesta. ‐··Escuché que mañana mismo vuelve a Oslo —informa René—. Habría que caerle temprano, puede ser en la terminal catavial, pero, ¿será prudente hablar con él? ‐··Sí, sí, está bien —contesta Pedro—, mejor tratar eso cara a cara y con la mayor transparencia posible. Yo me tengo que ir temprano de regreso a Popenguine y no sé si pueda estar presente, depende de la hora a la que él salga. ‐··Listo, pues, yo creo que ya tenemos más claro el panorama —concluyo—. Como tenemos que madrugar, vamos a cortar ya; muchas gracias a todos. ···Me cuentan lo que hablen con el ilustre Spaka, pues —pide Carlos. ···Ya se enamoró… —murmura el Pelúo— Bueno, nos cuentan, que la verdad este asunto está interesante. ‐··Queden tranquilos ambos —dice Pedro—, igual ya no se pueden zafar del lío en que los metimos.
Después de media hora de despedida, René se marcha a su habitación y nosotros, a nuestras hamacas en el corredor.
Notas
Flujo (stream) de información sensorial captada por una persona, capturada mediante su espinal y transmitida apoespacialmente. Aunque el concepto formal no limita las posibles fuentes sensoriales, en la práctica se utiliza para referir la combinación de información visual y auditiva, y si el senstream de alguien contiene más que eso, la aclaratoria suele ser necesaria, por ejemplo: senstream olfativo, senstream táctil o senstream con data gustativa; en este último caso se asume la inclusión de información visual, auditiva y gustativa.↩︎
Minidrones con capacidad para la transmisión de audio y video a través del apoespacio.↩︎
Recurso estándar comunicacional de flujo unidireccional, recurso vivo que utiliza una persona para exponer en forma pública o selectiva su senstream en el apoespacio.↩︎