Primera conflagración discreta

Martes 23 de noviembre de 2117 ≈11:00:00 UTC

Caracas · La Habana · Tokio · Choroní · Shanghái · Margarita · Puerto Príncipe

Con la intención de no pasar la noche entera en la plaza, el grupo regresa a casa de los músicos en Guanajay durante unas horas para asearse y descansar un poco mientras se refinan los detalles del evento en el bar Fiesta.

—Ya yo estoy lista para partir —anuncia Yusimil—, me voy a llevar estos detectores de ECIPA. —Van a hacer falta —dice Norberto—; no sabemos qué puede haber en ese apartamento y sus habitaciones. —Yo ya puse en orden los juguetes de los niños; la Tata Celia me confirmó que los va a guiar en las clases de hoy, Yusa. No dejo nada pendiente —dice Tjandamurra. —Ya vámonos, pues —invita Lapo.

Esta vez el desplazamiento hasta la urbanización PC es en tranvía. Como a mitad del recorrido, Nara se deja escuchar en casa de Augusta.

···Ya llegamos, nos dieron amarre sin problema. ···Asumo que se vinieron hasta marina Hemingway, ¿no? —Inquiere Lapo. ···Sí —confirma la marinera—, aquí estamos. ···Nosotros vamos a instalarnos con los tabacaleros —puntualiza Yusimil—; recemos por que los tipos salgan para ir a su conversatorio en el bar Fiesta. ···Si no salen es porque están muertos en vida —sentencia Andrés—, ya ese lío se encendió en las redes sociales. ···Así es —ratifica Made—, estoy haciendo seguimiento también, están como energúmenos todos, je, je. ···No me molestaría ir a verlos por un huequito —comento mientras juego la tercera partida de dominó de la noche con Maya, Utsu y uno de sus amigotes. ···Es que sería lo ideal —dice Aurelia—, no está de más que sepamos lo que sucede dentro de ese bar si ellos vienen, de ese modo precisamos mejor sus movimientos. ···Yo sé que te gustaría ser quien vaya, Petisa —responde Nara—, pero mejor voy yo; a ti podrían reconocerte con más facilidad. ···Ya me quitaste la diversión —rezonga mi compañera. ···Algo importante —dice Ilych cambiando radicalmente de tema—, vimos en RCU los resultados de la autopsia a Max y de la investigación en Santa Marta, aparentemente estamos exonerados. ···Cortesía de este servidor —explica Ciriaco—, le envié al cPIC del sector el registro visual y auditivo de lo que pasó en la oficina, también les envié la transcripción del comunicado final de Max. ···Yo lo instruí a hacerlo, disculpen que no lo consulté —añade Donnie. ···Acá valoramos mucho la iniciativa, Donnie —comenta Michelle. ···¿Y ellos aceptaron eso como prueba, Ciriaco? —Curiosea Aurelia— ¿No sospechan que sea data forjada? ···Yo soy una SCApp certificada en ese ámbito —responde el autómata—. Tengo protocolos base controlados por una cadena de selflos cerrados y recursos protegidos1 que me impiden alterar la información que se me requiera desde los cPIC de allá. ···Bueno, no entiendo bien esos detalles técnicos —retoma Ilych—, el punto es que confían en Ciriaco y no tenemos problema. No obstante, nos siguen llamando, quieren averiguar qué estábamos haciendo allá y si sabemos a quién refería Max como su atacante. ···Que dejen el fastidio; cuando sepamos les contamos y ya —espeta Yuca.

En plena partida de dominó tokiota, los cuatro jugadores recibimos en simultáneo una notificación que desvía nuestra atención de casa de Augusta.

‐··Y eso fue. Quinta iteración y nada; yo creo que no vale la pena insistir —dice Utsu. ···Es obvio que no vamos a encontrar nada por ahí —reafirma Maya.

Ese aviso de finalización de la quinta iteración nos lo hacen llegar las SCApp que Utsu y su compañero programaron para ejecutar la búsqueda de Isina en ECIPA, no hubo ningún resultado satisfactorio. Maya se levanta de la mesa y no parece que nadie más esté de ánimos para finalizar el juego. Utsu le hace una seña a su socio y ambos salen de la oficina antes de decir nada; Maya sale unos segundos después de ellos pero sí se comunica conmigo.

···Voy a subir al bar para tomarme un trago.

Yo opto por echarme de largo a largo en el sofá más grande, el más pequeño lo ocupa Taffilynn desde hace rato, no le gusta el dominó. Ya acostado informo de las malas nuevas en casa de Augusta, nadie se sorprende, era de esperarse. Pasamos un par de horas entre plática intrascendente y figurarnos cómo disfrazar a Nara para que se meta en el bar y pase inadvertida, en eso estamos cuando los cuatro en la urbanización PC se alborotan.

···¡Ajá! ¡Ajá! ¡Tenemos movimiento! —Anuncia Tjandamurra ···Los dos acaban de salir del edificio —confirma Yusimil. ···Yo sabía que no se iban a resistir —dice Lapo. ···¡Ja! ¡Ja! —Ríe Norberto, con tono por demás burlón— ¡Ahora resulta que la pesimista sabía! ¡Ja! ¡Ja!

Jackson y Mauro pasan frente a la plaza y para nuestra conveniencia ni siquiera le echan un vistazo a la exposición; ojalá y sea porque el evento en el bar Fiesta ocupe toda su atención.

···¿Cómo me veo? —Pregunta Nara luego de ponerse en pie frente a Aurelia y pedirle que exponga su senstream en casa de Augusta de manera tal que veamos como se atavió para espiar en el bar. ···Te ves muy guapa —responde René apenas la mira—, pero lamento que tengas que ocultar tu hermosa cabellera. ···La gente canosa llama mucho la atención, René —explica Dumas—. La idea es que pase inadvertida. ···Él lo sabe, lo que pasa es que tiene un crush con Nara —respondo poniendo en evidencia a mi amigo. ···¡Ah!, coño, no lo sabía —responde el abogado. ···Ni yo… —Añade la aludida.

Lo que cubre la cabellera de la marinera es una pañoleta marciana, último grito de la moda caribeña. Yuca, Donnie y James salen de la marina para apostarse en distintos puntos de la ruta entre el edificio 31 y el bar Fiesta con el fin de no perder a Jackson y Mauro en caso que se dirigieran hacia otro lugar.

···Si van a marina Hemingway tienen que pasar por este puente en que estamos apostados —previene Yuca. ···¿Entramos al apartamento de una vez? —Consulta Tjandamurra mostrándose dudoso. ···Mejor esperamos a que se alejen más para estar seguros —sugiere Yusa. ···Ay, no, pa’ luego es tarde; vamos, vamos. —Invita Lapo. ···Sí, sí, mejor de una vez, pero vayan dándole; ya los alcanzo —dice mi compadre. ···Yo sabía que eras un cobarde, calvo —le acusa Lapo. ···Ay, ya, vayan; en un momento estoy con ustedes —insiste Norberto.

El senstream del compa se hace algo confuso cuando fija su mirada en el piso y comienza a caminar en círculos por el parque; en cambio, de los otros tres sí vemos claramente cómo se separan un poco y andan con exagerada calma hacia el apartamento. Habiendo pasado la puerta batiente, y ya anónimos gracias al equipamiento antiECIPA que acarrean, se relajan un poco y comienzan a revisar el lugar.

Un minuto después entra Norberto al apartamento y trae consigo una piedra tan grande como una toronja colgada de un cordel; apenas pasa la puerta, la deja caer para que golpee el piso y el ruido alerta a sus tres compañeros.

···¡Coño! ¡Me asustaste! —Grita Yusimil, que se muestra además molesta porque Norberto se ríe de su reacción. ···Sigan su revisión que yo hago la mía —dice él justo cuando golpea otra vez el piso con la piedra colgante. ···Te dije que no lo ibas a soportar —refunfuña Lapo dirigiéndose a Yusimil. ···Vengan a ver —llama Tjandamurra desde la habitación a la que acaba de entrar.

El cuarto al que llama el músico es el único de los tres en la vivienda que no tiene ventanas hacia la calle; además, es el único cuya puerta tiene cerrojo, cosa que poco importa porque está abierto. Dentro están cuatro baúles repletos de billetes de distintos Estados extintos, algunos son de últimas emisiones, y los más viejos, de mediados del siglo XXI.

···!Ja, ja! Billetes guardados para cuando se reconstruyan los Estados —comenta Jonathan—, como que si un Estado reconstruido no fuese a preferir emitir papel moneda nuevo. ···Esto es más nostalgia que otra cosa —responde Torres al tiempo que se sobresalta por los fastidiosos golpeteos de Norberto en el piso.

Mi compadre sonríe con picardía por la molestia que causa a todos e ignora los pedimentos que le hacemos para que cese; en cambio, se adelanta a entrar a lo que parece ser la habitación principal, en ella solo hay un clóset y una alfombra inflable que al parecer es lo que se usa para dormir.

···No desinfles eso —le dice Yusimil cuando lo ve sacándole el aire a la alfombra. ···De verdad que a todos ustedes les falta imaginación —dice Norberto ya poniéndose un poco más serio y golpeteando un lugar específico del piso bajo la alfombra ya desinflada—. ¿No lo escuchan? ···¡Coño, compadre! ¡Hay como un hueco ahí! —Exclamo. ···Pero, claro, ¿a quién se le ocurre que un presidente no se iba a hacer un búnker debajo de su casa? ¿A quién se lo ocurre que un palinarquista, viviendo donde vivía un presidente, no iba a usar ese búnker? Esto es lo único que teníamos que buscar aquí.

Efectivamente, no había terminado Norberto de hablar cuando Tjandamurra ya había enrollado parte de la alfombra y develaba la portezuela fabricada de la misma madera que el resto del piso.

···¡Abran para ver! —Es el innecesario pedimento de Made.

La portezuela es solo una tapa, y al retirarla se alcanza a ver el comienzo de una angosta escalerilla metálica; el resto es oscuridad.

···Coño, eso debe ser la entrada al laboratorio de Werner Amadeus von Drácula2 —comenta Jonathan. ···Limpien eso de ECIPA antes que nada —sugiere Andrés. ···Con esa oscuridad no podemos bajar —dice Yusimil mientras hace lo sugerido. ···Voy a pedir un encendedor prestado en la expo —anuncia Lapo encaminándose a la entrada. ···No, hija —la detiene Norberto—, lo que necesitamos son linternas o lámparas; eso allá abajo no debe ser pequeño. ···Vayan ustedes dos a comprar alguna luminaria —les propone Yusimil a Norberto y Tjandamurra—; nosotras seguimos revisando el apartamento, quizá por aquí haya algo con qué alumbrar. ···Denle, con confianza —informa Yuca—, ya Mauro y Jackson pasaron por aquí y, en efecto, van camino a la marina.

Norberto y Tjandamurra salen con celeridad; al abrir la puerta del apartamento se encuentran de frente con unos vecinos.

—¡Hola! —Dice la sonriente mujer acompañada por dos pequeños— ¿Está Mauro? —No, amiga —responde Tjandamurra—, bajó a la marina. —No hay problema —dice la vecina—, yo lo llamo. —Seguro, pero no le digas que nos viste —le susurra el pianista—, que le estamos preparando una sorpresa para cuando regrese. —¡Okey!

La mujer continúa su camino hacia el ascensor, Norberto la vigila de reojo hasta que la pierde de vista, le hace una seña a Tjandamurra para continuar, y cuando salen del edificio le plantea sus dudas.

—Me parece sospechoso que no nos viera como sospechosos. —No entiendo qué esperabas. —Desde que llegué a la isla tuve la impresión de que la cultura yɛlɛma aún no ha permeado; percibí desconfianza en el ambiente, pero esta vecina se ve relajada. —Hum… A mi parecer, aquí en la isla estamos más como esta vecina que otra cosa; no es que no exista lo que percibiste, pero no es lo común. Te digo algo, yo he vivido varias transiciones a yɛlɛma y me gusta estudiar el asunto; la de esta sociedad ha sido una de las transiciones más veloces que he visto, apenas se levantaron las restricciones estatales a la abundancia, se acabó la necesidad de desconfiar y de protegerse. —Si tú lo dices… En fin, no veo ninguna tienda por aquí —señala Norberto mostrando poco interés en las reflexiones de Tjandamurra. ···Norberto, no compren nada, aquí tenemos luminarias, ya te las envié; James salió corriendo para allá con eso, espérenlo. —Avisa Ilych desde el Carcará. ···Chévere, amigo mío, gracias.

Minutos después llega a la carrera el obviamente bien entrenado James y le entrega al compadre un morral de lona.

‐··Aquí está, son tres linternas convencionales, pero también hay dos lámparas PLD3 que alumbran como el Sol. ‐··Gracias, muchachón. ¿Te vienes con nosotros? ‐··No, no; vuelvo a la marina, estamos apostados en torno a la casona del bar para vigilar desde varios ángulos lo que pase. Tengo que volver, seguimos en contacto.

Y así como llegó de rápido, se fue.

···Aquí no hay nada para alumbrar —dice Lapo cuando finaliza la búsqueda de luminarias en el apartamento—, traigan esas del barco lento, los esperamos.

Minutos después, la luz de una de las linternas confirma que la escalerilla no es muy larga, tiene unos cinco metros hasta su base, si acaso. El compadre se cuelga una de las lámparas en la cintura y es el primero en descender; los demás lo siguen de cerca.

El único camino posible al final de la escalerilla es un orificio irregular de aproximadamente metro y medio de diámetro que permite atravesar una gruesa pared de concreto; al cruzarlo se alcanza a ver un profundo túnel cilíndrico en vertical. Unos tablones que no lucen muy seguros hacen las veces de puente entre el hueco y una escalera de caracol cuya parte superior está tapiada, por lo que ir más hacia abajo es la única alternativa. El descenso es de unos veinte o treinta metros; cuando el grupo llega al fondo, es Lapo quien rompe el tenso silencio que provocaban los crujidos de la vetusta escalera al ser transitada.

···Huele muy mal aquí. ···Es la humedad —señala Yusa. ···Esto es fascinante, es historia viva —musita Tjandamurra mostrándose admirado—, quién sabe cuántas veces la extinta casta dominante de la isla caminó por aquí. ···Bueno, damas y caballeros, presentes y no presentes —convoca Lapo—, la buena noticia es que sigue habiendo un solo camino a seguir: este túnel que ven abrirse por acá. La mala es que se ve larguísimo, fíjense que es recto y la luz de las linternas no llega al final. ···Y tenemos que recorrerlo —añade la bajista mostrando algo de excitación—, no queda de otra. ···Bueno —dice Norberto—, pero espérenme aquí un momento que voy a cerrar la entrada e inflar la alfombra, para que no sea tan obvio que estamos aquí. ···Tienes razón, calvo —admite Lapo—, vamos que yo te ayudo, y ustedes dos, no nos dejen, ya volvemos.

La exploración del dichoso túnel nos tiene en vilo a todos en casa de Augusta; los comentarios, conjeturas y bromas no se hacen esperar.

···Ahí deben estar sepultados los enemigos de Fidel —dice Donnie. ···La gente no entierra gente en sus propios búnkeres —replica Made—, porque se le ensucian. ¡Ji, ji! ···Apuesto a que al final del túnel lo que hay es un refugio antinuclear —conjetura Jonathan—, ya van a ver. ···Yo sé que lo del túnel es apasionante —interviene la Petisa—, pero por acá hay otros asuntos que requieren atención; coméntanos, Nara. ···Bueno, estoy en una de las mesitas externas del bar, pedí una cerveza; ya Mauro y Jackson están dentro. Al menos ya hay una docena de personas que me parece atendieron la convocatoria, pero por la manera en que se comportan todos me parece que se hicieron un áifa4 para el evento y ahí debe estar la mayoría de los participantes, sería ideal poder entrarle. ···Vamos a tratar de conseguirte una invitación —propone Mikiko refiriéndose a ella y Andrés.

Notas
  1. En la arquitectura de software de Intermashin, es un selflo cerrado todo recurso que no puede alterarse a sí mismo ni otorga a otros recursos permisos de alterabilidad; y son recursos protegidos aquellos que sean propiedad de un selflo cerrado. La palabra selflo es acrónimo del inglés self lock, autobloqueo.↩︎

  2. Personaje del largometraje animado ¡Vampiros en La Habana! (1985) de Juan Padrón.↩︎

  3. Polydirectional laser diode.↩︎

  4. Área de intersección física-apofísica, también llamada paia por sus siglas en inglés (Physical-apophysical intersection area), se llama así a cualquier apoconferencia en la que se cumplan las siguientes condiciones: 1. Que los participantes en el espacio que se establezca como componente físico del áifa estén simultáneamente presentes en una renderización apoespacial exacta del lugar, lo que será el componente apofísico del áifa; 2. Que en la percepción de todos los participantes se mantenga, como mínimo, sincronía auditiva y de campo visual entre los componentes físico y apofísico; 3. Que se proyecten en el componente apofísico avatares que repliquen con exactitud las dimensiones, posición, movimientos y desplazamiento de los participantes en el componente físico; 4. Que los participantes no presentes en el componente físico puedan proyectarse, moverse y desplazarse en el componente apofísico con avatares de dimensiones proporcionales a sus dimensiones físicas.↩︎

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