Vademécum para el siglo XXII

Orígenes de la civilización yɛlɛma

En la actualidad se mira con cierto desdén la morbosa fascinación por lo apocalíptico que nació durante el siglo XX de la Era común y se extendió bastante durante el siglo XXI. Aunque ahora parezca absurda y carente de sentido aquella visión fatalista y desesperanzada, es justo reconocer que, llegado un momento, no parecía descabellado que pudiéramos acabar con el planeta, la situación llegó a ser verdaderamente preocupante, las expectativas no eran nada alentadoras, y no parecía que la humanidad contara con lo necesario para resolver los problemas que confrontaba.

Pero finalmente las cosas salieron mejor de lo esperado, no nos convertimos en pegoste radiactivo tras una conflagración nuclear, no nos calcinamos por la destrucción de la capa de ozono, no nos absorbió el agujero negro del CERN, no nos exterminaron las pandemias del siglo XXI, Bill Gates no hizo ninguna vacuna asesina, no llegó un meteorito sorpresa a acabar con la vida en el planeta, los supervolcanes no hicieron erupción, no nos convertimos en alimento para una especie alienígena, no nos consumió la plaga gris, no nos esclavizaron unos reptiles maléficos disfrazados de personas, no nos gaseó el Cuarto Reich, el Y2K no nos devolvió a las cavernas, las peores llamaradas solares ni siquiera han mejorado los inviernos, las máquinas no nos licuaron para hacer combustible, la singularidad nunca ocurrió y tampoco nos comimos las vísceras del prójimo durante un apocalipsis zombi.

Para dar solución a lo que parecía irresoluble se conjugaron diversos factores, pero sin duda fue determinante —y lo sigue siendo— la invención y desarrollo de nuevas estrategias de consenso social que reemplazaron a las ya caducas.

Es tal la profundidad de los cambios que ha experimentado la humanidad durante el último medio siglo que muy pocos cuestionan el hecho de que estamos viviendo el nacimiento de una segunda civilización de alcance global.

El proceso que ha venido socavando los cimientos de la civilización oceánica1 hasta conducirla al borde del colapso es el mismo proceso que impulsa la expansión global de lo que ahora conocemos como la civilización yɛlɛma.

Partiendo de lo propuesto por Al-Rodhan,2 Sholto Trabowski3 (Chisináu, 2029) añade que el elemento común y definitorio de la civilización oceánica es el Estado visto como sistema de organización social. Cuando esta idea se desarrolló y se concretó fue cuando se descubrió la existencia de los sistemas de organización multitudinaria, los JAS.

Antes de profundizar en lo que son los JAS resulta prudente describir la herramienta más comúnmente utilizada para su estudio: el Esquema taxonómico del todo.

Notas
  1. A principios del siglo XXI, el geoestratega Nayef Al-Rodhan (Arabia Saudita, 1959) señaló lo impreciso y contraproducente que resultaba el dividir al mundo de entonces en bloques de civilizaciones (Oriente, Occidente…) y propuso con su modelo de civilización oceánico la más precisa y ahora ampliamente aceptada idea de que compartíamos a nivel global una única civilización humana —la ahora llamada civilización oceánica— producto de la conjunción de diversos dominios geoculturales entrelazados e influidos ellos mismos por diferentes subculturas.↩︎

  2. Al-Rodhan, Nayef, The Role of the Arab-Islamic World in the Rise of the West: Implications for Contemporary Trans-Cultural Relations (2012) Gran Bretaña: Palgrave Macmillan.↩︎

  3. Trabowski es llamado el padre de la sociología moderna, se le conoce además por su obra como filósofo, politólogo e historiador.↩︎

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